Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak

Artículo originalmente publicado en Quimera. nº329. Abril, 2011.

TEMBLAD, PADRES

Dicen que Maurice Sendak ya es un clásico de la literatura infantil. Desde luego, su reconocimiento va más allá de lo habitual en un escritor de libros para niños, y alcanza esa altura de la que gozan los artistas cuyo trabajo se convierte en un patrimonio cultural oficialmente reconocido. La cultura mayoritaria suele ser también la más convencional o políticamente correcta, y muchísimo mas cuando se dirige a “nuestros niños”. Sin embargo, Donde viven los monstruos dista mucho de resultar un libro acomodado a las formas que se dan por supuestas en un producto dirigido al público infantil. Cuando se publicó en EEUU en 1963 fue prohibido en algunas librerías, obtuvo muchas críticas negativas y la repulsa general de los padres. Estos mismos adultos presenciarían el irresistible magnetismo que el libro ejercía sobre sus hijos, quienes literalmente quedaban hipnotizados por sus páginas y lo buscaban incesantemente en los espacios públicos de lectura. Como suele pasar, los niños se acabaron saliendo con la suya y Donde viven los monstruos se convirtió en un éxito de ventas.

Uno cuantos años más tarde, uno de esos pequeños lectores se convertiría en Spike Jonze, uno de los cineastas más cool de todos los tiempos. Realizador de videoclips para la MTV, productor del reality de trompazos Jack Ass, pareja creativa del gran guionista Kaufman (Cómo ser John Malkovich), Jonze cumpliría un rendido homenaje generacional llevando Donde viven los monstruos al cine. La película es un bodrio, pero en el proceso, Jonze tuvo la feliz idea de rodar un documental sobre Maurice Sendak, quien le invitó a su casa y literalmente desnudó su corazón ante la cámara, ofreciendo a Jonze un material de una fuerza reveladora. Sendak se mostró como un viejo obsesionado hasta el extremo con la muerte, que hablaba de traumas truculentos de su infancia y lanzaba brillantes pullas, con un humor más corrosivo que el ácido sulfúrico. “La infancia no existe”, le decía a la cámara, “Si me preguntan porqué hago libros para niños… ¡Yo qué sé! Algo debe estar mal en mi cabeza, me debí quedar atrapado en mi niñez… debo estar enfermo… Pero sí sé algo”, añadía, “a los niños hay que decirles la verdad”.

En Donde viven los monstruos, la verdad se articulará como la historia de Max, un niño malo, al que su madre llama “monstruo”, mandándole a la cama sin cenar. Durante su castigo, Max se transporta en un viaje por mar a la isla donde viven los monstruos, quienes se muestran terribles hasta que Max los hipnotiza con su mirada, convirtiéndose en su rey. Los monstruos bailarán al son de los deseos de Max, hasta que este les abandona y vuelve a su hogar… justo a la hora de cenar. Este relato, tan inocente como el de cualquier otro cuento, adopta a través de los dibujos de Sendak una dimensión narrativa que parecía reservada a los adultos: lo grotesco, lo carnavalesco, allá donde la realidad toma la apariencia de uno de esos sueños extraños siempre a punto de tornar en pesadilla. Hay algo más que diversión en la forma en la que los monstruos bailan con Max a la luz de la luna; un punto salvaje de placer animal, de liberación de los instinto primarios. Y hay algo torcido en la forma en la que el protagonista se revela como el líder tirano y caprichoso de los villanos. Nada que ver con la estricta división entre el bien y el mal que rige en la mayoría de los cuentos infantiles. Max no redime a los monstruos, sino que se presenta como el mayor de todos ellos. Y los monstruos lo siguen hipnotizados, con una expresión de maldad voraz y aviesa que sin duda esconde deseos terribles.

Durante siglos, los adultos utilizaron el miedo de los niños para reforzar ese laberinto de prohibiciones y deberes que llamamos educación. No hay un aprendizaje más asentado entre humanos o animales, que el miedo que te alerta de los límites y asegura tu supervivencia. Pero en Donde viven los monstruos, el niño no tiene miedo, da miedo. ¿Y qué padre no ha tenido alguna vez miedo de su propio hijo? Normal que los padres se asustaran con Donde viven los monstruos. Ellos saben bien dónde viven.

This entry was published on 01/05/2011 at 11:58 am. It’s filed under Crítica, Quimera and tagged , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

One thought on “Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak

  1. Pelicula que me sorprendio, toda una sorpresa fue. Interesante articulo este

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