Brummstein/Machine, de Peter Adolphsen

Artículo originalmente publicado en Quimera. N 326. Ener0 2011

Lengua de Trapo ofrece en un solo volumen dos novelas publicadas por Peter Adolphsen (Dinamarca, 1972) entre 2003 y 2006, que responden a un planteamiento similar, si bien la segunda, Machine, es la que logra afinar la fórmula y se revela como la más lograda y original. Ambas comienzan con un ensayo divulgativo-científico sobre los orígenes en la Tierra (a nivel geológico y biológico, respectivamente), para luego trasladar la acción a la edad contemporánea, donde se introducen historias humanas más típicas de la ficción. En Brummstein el desembrague es un tanto abrupto; en primer lugar, se nos ofrece un relato de las formaciones geológicas, que desemboca en la historia de una expedición en busca de un extraño fenómeno que se produce en las profundidades de una caverna. Con resonancias literarias de autores como Julio Verne o H.G. Wells, este comienzo nos traslada a ese fascinante momento histórico en el que la ciencia aún se ocupaba de probar o desmentir los mitos a los que iba sustituyendo como sistema de creencias. En el personaje expedicionario y decimonónico que abre la novela de Peter Adolphsen, la fantasía todavía es el motor de la exploración, y la obstinación y la fe absoluta en la posibilidad de un descubrimiento maravilloso, las dos características quijotescas que tan literarios hacían a estos caballeros científicos, ahora ya extintos del imaginario actual.

De esa expedición a las cavernas solo se salvará una minúscula roca que va cambiando de manos a lo largo de los años, sirviendo al autor para conectar historias independientes entre sí, que van sucediéndose al hilo de los avatares del siglo XX en Alemania. El tono científico inicial acaba desdibujado por un relato que ahonda en escenarios archi-conocidos: el Berlín de la guerra, los desplazamientos de la población civil, la implantación del orden comunista en la vida de posguerra, etc. Ha habido tan grandes maestros y tan grandes libros sobre esta temática, y se han leído con tanta atención en los últimos años, que Brummstein, sin ser una mala novela, no ofrece nada relevante a este nivel.

Machine, en cambio, es una apuesta que lleva muy lejos la integración del discurso científico en la novela. Las últimas horas de un mamífero primitivo, su muerte y su conversión a lo largo de los milenios en una gota de petróleo, serán el primer eslabón de una cadena de causalidades que acabarán entrecruzándose con la historia de un ciudadano de la URSS, un joven ciclista crecido en una región petrolífera, que acaba emigrando a los Estados Unidos. Ya nos hemos acostumbrado, gracias a los documentales televisivos, a ver animales reales protagonizando historias. En literatura, en cambio, la tendencia ha sido la de la humanización. No recuerdo haber leído ninguna novela en la que se construya un personaje animal con tanta fidelidad a la experiencia biológica real como lo hace Adolphsen en Machine. Gracias a esta precisión, cobra especial importancia que el mamífero primitivo tenga líneas de pensamiento básico, o sueños, porque, de algún modo, el autor hace jugar a su favor la capacidad de la ciencia para deslumbrarnos con hechos insospechados.

En Machine el pensamiento científico condiciona de tal modo la forma literaria que incluso llega a cuestionar las estructuras que la literatura aplica tradicionalmente para comprender y explicar el mundo. Podría hablarse de una “técnica Adolphsen”, consistente en renunciar (casi siempre) al lenguaje subjetivo, abstracto, para centrarse en la concreción de los hechos. Sobre todo, importan las cadenas de acontecimientos, misión principal de la investigación científica, que tiñen las novelas de Adolphsen de una temporalidad lineal y regular. Pero lo más sobresaliente es la pérdida de peso específico del orden humano. La narrativa (mucho más que la poesía) es un genero obsesionado con el hombre. No así la ciencia, donde la materia, la física y la vida en todos sus niveles se convierten en protagonistas. Leyendo a Peter Adolphsen nos damos cuenta de que el lenguaje literario es una constante elipsis que soslaya todo aquello que queda más allá de la experiencia humana. Con Machine, donde hasta las gotas de petróleo tienen una historia, el autor demuestra que hay un cuento casi infinito detrás de cada partícula del cosmos.

Esta entrada fue publicada el 12/05/2011 a las 9:00 am. Se guardó como Crítica, Quimera y etiquetado como , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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