Guía completa para caminar lento
Cuando era pequeño venía a Madrid a visitar a mi abuela Elena. Pero también venía a visitar un ritmo, el ritmo de Madrid, una velocidad que era la mía, no como la de Salamanca, mi ciudad natal.
Cuando era pequeño venía a Madrid a visitar a mi abuela Elena. Pero también venía a visitar un ritmo, el ritmo de Madrid, una velocidad que era la mía, no como la de Salamanca, mi ciudad natal.
La libertad no es una tabula rasa. La libertad es un catálogo. Es crear una originalidad ensamblando las creaciones de otros.
Leer Más Algunas cuestiones que deberías preguntarte antes de ir Ikea
No se necesita una sola idea para llenar un globo. No se necesita una sola palabra. Solo se necesita el aire de mis pulmones. El globo se lleva de mí lo más ligero que tengo
Yo quiero algo que me lleve a la superficie. Que me enseñen a disfrutar de un cumpleaños infantil. Que me enseñen la banalidad salvadora del bien. Quiero ser un pastor de globos.
Leer Más La vida de no pensar es lo que echo de menos pensando muy fuerte
Una generación perdida es aquella que se pasa media vida oyendo sois el futuro y la otra media oyendo sois el pasado
¿Cambiaría a mejor nuestra relación con la enfermedad si inventáramos ritos para comenzar o finalizar un tratamiento médico?
O cambiamos el concepto de inteligencia y decidimos que el centeno, los perros y los bebes son, en verdad, muy inteligentes, o cambiamos el concepto de mentira, y declaramos que quien vive, simplemente, miente.
La información es lo que más se parece a la comida sin serlo. Y entonces, ¿para cuándo un nutricionismo informativo?
Con la comida no se juega. Es una imagen que ofende al instinto. Pero ¿por qué?
El buen fanático sabe que la libertad no es vaciarse de restricciones, sino cambiar las reestricciones impuestas por otras de su elección.
Busqué la belleza para hacer más soportable la muerte de lo eterno. Inventé un rito.
La nieve es el mandala del clima, al menos en Madrid. El cielo hizo su obra de arte efímera, su ready made.
Para todo el atracón de hipocresía social con buenas intenciones, Dicen los síntomas, la última novela de Bárbara Blasco, es un bálsamo de hiel.
El confinamiento me provoca una nostalgia de vidas callejeras de otro tiempo. Echo de menos usar y mirar cabinas. Es una añoranza plástica, de manoseo.
Los desastres naturales no existen; la diferencia entre quién vive y quién muere se debe a una serie de decisiones sociales, visibles e invisibles. Las muertes siempre son culpa de alguien. O quizás de todos. O quizás no, y ya está bien de sentir tanta culpa.
La desgracia de nuestros semejantes nos hace sentir un alivio muy parecido a la felicidad. Se llama sentirse afortunado.
A lo mejor, más que proteger la cultura como forma de vida, en los próximos meses deberíamos volcarnos en proteger la vida misma de la gente de la cultura.
Escrit@r, deja de regalarte para que multimillonarios amasen datos y jueguen a ser Dios. Independízate de la mayor estafa cultural de nuestro tiempo. Cierra tu Facebook. Ábrete un blog.
Leer Más Por qué dejé Facebook en 2018 y abrí un blog en 2020
Frente al cool gregario del indi romántico de La Bien Querida, Hidrogenesse se ubica en un espacio donde solo caben individuos. Su estética se encuentra más allá de lo imitable, o tan solo imitable durante un grotesco carnaval. Uno puede aprender mucho de su actitud y practicarla en casa.
Hablaré de por qué hago arte. Por qué escribo novelas. Y por qué escribí las novelas que escribí.
Azúa, para denunciar la corrupción del lenguaje, corrompe el suyo propio, valiéndose de las mismas trampas retóricas que trufan las comunicaciones demagógicas de la política y el sensacionalismo en general.
Leer Más Félix de Azúa, o cómo denunciar la corrupción del lenguaje corrompiendo el lenguaje
La única manera de ser un buen crítico literario es conservar intacta la capacidad infantil de disfrutar con la literatura.
No me propongo escribir una crítica sobre Autopsia, la última novela de Miguel Serrano Larraz, sino contar una historia sobre su lectura.
Leer Más Crónica de una lectura. Autopsia, de Miguel Serrano
Estilos que celebro en crítica cultural y literatura, me parecen inoperantes como herramientas de comunicación para provocar cambios sociales.
Intenta leerte el libro del que vas a escribir la crítica. Y si no puedes resistir que un dato te estropee una buena teoría, intenta, al menos, ojearlo un poco antes de publicarla, no sea que haya algo que te delate.
Vida de Pablo logra ser una novela de jóvenes letraheridos que sortea toda esa sensibilidad desgastada. Sin embargo, no se trata de una deconstrucción: la afectación del malditismo no es solo destruida, sino sustituida por una afectación nueva.
La ambición de este texto: conseguir que ambos planos de imaginación, el narrativo-realista y el teatral-escénico, acudan a la mente del lector de forma simultánea, amalgamada, sin renunciar a ninguno.
Antes de las jirafas pasa por situar la acción en un plano totalmente ficticio, que omite todo referente a la realidad social y trabaja desde imaginarios sobre todo prestados por la cultura anglosajona, especialmente el pulp, los cómics y el cine hollywoodiense
Eloy Fernández Porta propone una perspectiva diferente, no precisamente alentadora: comprender las emociones y los afectos, según la lógica, las relaciones y la mediación del capitalismo.
Cuando se publicó en EEUU en 1963 fue prohibido en algunas librerías, obtuvo muchas críticas negativas y la repulsa general de los padres. Estos mismos adultos presenciarían el irresistible magnetismo que el libro ejercía sobre sus hijos, quienes literalmente quedaban hipnotizados por sus páginas
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