Bonhay House

Al Adri

Relato originalmente publicado en Hankover.

Bonhay house. Una residencia que antes fue un viejo hotel. Aún conserva en cada habitación los interfonos de grandes botones cuadrados. Aún conserva una barra de bar y un aire fantasmal de días olvidados. Aún conserva la gran mesa metálica y una abundancia de fogones, y las salas mohínas donde los viajantes de otro tiempo pusieron a secar sus chaquetas mojadas. Aún conserva el amarillo ahumado de los cigarrillos en las paredes, la mismas cortinas y los finos cristales que retumban cuando los trenes atraviesan sin pausa la estación de St Davids. Aún conserva los silencios mortales de las noches inglesas, y el lento deambular de los habitantes por los pasillos desiertos. Allí pasamos los días.

Bonhay house y su noche de fiesta. Los estudiantes que pasean por la sala semivacía y bien iluminada. Nada en una fiesta sucede nunca demasiado temprano; a lo más, sucede a su debido tiempo o demasiado tarde. Por eso la música suena pero nadie baila, pero calla las conversaciones y el volumen nos pierde y nos aisla. Javier prepara comida en cocina. Valery y Martina preparan sus primeras copas de vodka. Miguel también bebe. También bebe Carlos. También bebe María. También bebe Javier. Miguel fuma un cigarrillo en la escalera de incendios. Piensa en la azotea; desde el tejado se ve un mar de tejados y las vías del tren como una cicatriz que parte la ciudad en dos. Carlos canta las canciones de nuestra infancia. Resucita a Jesucristo García, Gilet, Zappa, Mercuri y Camarón. Canta a la cultura de barrio, y a la memoria de la agujas impregnadas de heroína. Valery quiere saber que son las agujas impregnadas de heroína. Llegan los primeros invitados, feos y desconocidos. Begoña y Laura abren bolsas de patatas fritas. Pican golosinas. Preparan los pasteles. Los hombres por un lado, las mujeres por otro. Quietud y cierta decepción, cierta perspectiva de aburrimiento. La chica lesbiana bebe su cerveza en la calle. Miguel fuma con ella. Carlos abre su Brugal, ron añejo codiciosamente preservado para este momento, y todos beben de su ron. También bebe Michael. También bebe el resto, posando sus vasos en la superficie metálica de la gran mesa de la cocina. Llegan más invitados. Llegan los canarios. Llegan los de Lafrowda. Llegan los austriacos y con ellos los alemanes. Llegan los de Cáceres. Llegan los franceses. Llegan las chicas de Jellewyn Mews. Llega la profesora italiana de intercambio. Llegan los ingleses de la School of Modern Languages. Llegan los camareros del Hotel Barcelona. Llegan los de Kingdom Mews. Llegan los estudiantes del School of Drama. Llegan los japoneses. Llega Carmen y su novio de matemáticas. Caen las sombras sobre la sala abarrotada. Sube la música y trepa por las vigas y las paredes, haciendo temblar todo el edificio. Afuera fuma una pareja de gays franceses y un señorito de Santander. Miguel fuma con ellos, toma algo de su marihuana. Miguel busca a Javier. Carlos busca a Javier. Llega Clare. Javier bebe ron en la cocina con los treintañeros de Lafrowda. María busca a Carlos. Miguel le dice a Javier que ya es el momento. Javier está de acuerdo. Salen de Bonhay House. La noche es una tumba. Solo el grito histrónico de la canariona rompiendo el silencio residencial. Javier está borracho y lo quiere todo. Miguel quiere buscar las galletas y el queso. Quiere volver a Bonhay House ir a la habitación de Javier. En la habitación espera Martina. Martina en la cama. Martina en el retrete. Martina incosciente en el suelo del cuarto de baño. Valery desparramada en la pequeña cama del pequeño cuarto de Javier, y Javier desparramado con ella. Clare desparramada entre los dos. La profesora italiana de intercambio se fuma el último cigarro de Miguel. Miguel va vaciando las bolsas de hongos. Hace montoncitos. Separa cada montoncito. Divide cada hongo con un cuchillo. Unta un poco de queso en cada galleta. Pega cada hongo en cada galleta con el queso. Coloca todas las galletas en un plato. Carlos dice que es un profesional. Miguel y Valery salen a recoger a Martina. Cogen a Martina y la arrastran hasta la cama. Javi repite que lo quiere todo. Miguel vacía otra bolsa y divide en dos. La mitad para Javier. La mitad para Miguel. Miguel y Javier se comen las setas. Valery, Clare, Martina, Javier y Miguel desparramados en la diminuta cama del diminuto cuarto de Javier. Miguel baja con el plato de setas. El salón es un hervidero atestado de cuerpos sudorosos y música a volumen brutal que acalla el sonido de las botellas chocando contra el cristal de los vasos. Cogen las canarionas. Coge la alemana que antes era un hombre. Cogen varios desconocidos. Cogen los estudiantes de matemáticas. Coge ese chico tan simpático de Cross Currents. Coge Lizzie. Coge la pareja de Guada. Cogen.

El volumen rompe las puertas. Escala por los pasillos. Traspasa el suelo y las paredes. Traspasa el tejado y huye al cielo abierto. Cada puerta cerrada. Cada pasillo del laberinto. Los pasos de Miguel. El silencio tras la puerta del baño. La consciencia de mirarse en el espejo, y mirar a otro. Entablar un diálogo. Mirarse por primera vez en la vida, y no reconocerse. Mirar y reir y volver a mirar y volver a reir. Los dibujos de las baldosas bailan en las paredes. Rompen la quietud, todas las paredes bailan. El dorado de las finas líneas que bailan contra las baldosas blancas del cubo frío. Miguel respira ese momento y lo guarda para siempre. Lo atesora en su pecho para siempre. Se lo quedará para siempre. Vivirá en él para siempre. Nunca le abandonará, nunca. Lo tiene desde entonces para siempre. Clare y Javi se hunden en la masa. Martina duerme su borrachera. Valery comienza a sentir algo que jamás había sentido. Carlos comienza a sentir algo que jamás había sentido. Javier comienza a sentir algo que jamás había sentido. Entre el fervor de los cuerpos muchos sienten algo que jamás habían sentido. Se acelera el ritmo de la música. Se van los austriacos. Llegan otros. La puerta no se cierra. Salen unos, entran otros. La gente toma las escaleras. Toma la cocina. Miguel no puede hablar. Miguel solo puede confesarlo todo, y dejarse arrastrar. Tuerce las esquinas con enorme esfuerzo y tras cada esquina espera un nuevo desafío. Tuerce entre calles de frigoríficos y encuentra al grupo vasco. Los vasco roban la comida de los frigoríficos y se la comen cruda. Carmen besa a su novio de matemáticas. Los dos tienen ojos verdes. Laura busca una botella de whisky. Laura invita a Miguel a un trago de whisky. Cristina trata de acercarse a un hombre. Ángela decide que es el momento de declararse. Miguel sale de la cocina. Clare y Javier siguen desaparecidos. Carlos y María desparecen por la calle hacia el silencio. El señorito de Santander fuma porros en la puerta de la casa. Angela se encuentra con Miguel en el justo vano de la puerta. Ángela resume sus sentimientos a Miguel. Miguel le comunica su estado. Llega Valery. Miguel y Valery hablan. Ríen. Se tocan. Miguel se gira hacia el vano de la puerta. Ángela ha desaparecido. Miguel penetra en cada cosa. Le da la vuelta. Confunde unos secretos con otros. Inventa un nombre nuevo para cada cosa. Rompe las esquinas con paso salvaje. Miguel fuma. Miguel baila. Miguel quiere caerse. Miguel sale de la casa. Miguel entra en la casa. Miguel esquiva a las parejas que se besan. Miguel llega hasta la mesa del Dj. Laura quiere saber sobre Ángela. Miguel no quiere hablar de eso. Begoña quiere saber sobre Ángela. Miguel no quiere hablar de eso. Marisol quiere saber sobre Ángela. Miguel no quiere hablar de eso. Miguel sale a la calle. Begoña se fija en un chico que baila demasiado cerca. Mercedes encuentra su paquete de tabaco. Michael se va a la cama. Luca huye a Yevellyn Mews. Miguel transapasa la puerta. Llega al silencio. Cruza el silencio con paso furioso. Se fascina de la belleza de los objetos muertos. Siente la solidez de las casas. La simetría de las paredes muertas. Se maravilla de la magia de los objetos y los pequeños jardines y los corredores que se abren entre los jardines y los pequeños valles que cruzan la ciudad dejando un reguero de árboles milenarios. Miguel sube a su habitación. Javier besa a Clare. Carlos no puede dormirse. Jade mira un programa aburrido de la tele. Miguel revienta contra las paredes y escala por su propio delirio hasta tomar el objeto sagrado. Miguel acaricia el objeto sagrado. Miguel toma el objeto sagrado. Miguel cruza el universo de simetrías perfectas. Miguel busca el volumen. Miguel penetra en el volumen. Miguel lucha para llegar al centro del volumen. Miguel blande su objeto sagrado. Miguel toma el pulso de las canciones. Miguel convierte su pulso en canción. Miguel revienta su pulso contra la membrana del objeto sagrado. Javier y Clare aparecen. Aperecen los chicos de Lafrowda. Aparecen los currantes del País Vasco. Miguel aumenta el volumen de su objeto sagrado. Aparecen muchos desconocidos. Aparece la profesora italiana de intercambio. Aparece Johanes. Aparece Dave. Aparece Ana. Aparece Cristina. Aparecen unos ojos turcos. Todos bailan alrededor de Miguel. Todos tocan a Miguel. Miguel se siente tocado. Miguel sigue incansable sobre su objeto sagrado. Miguel cabalga el ritmo sobre su objeto sagrado. Las paredes devuelven las vibraciones y las multiplican. El sudor cae a ríos por las caras de los que miran. Aumenta el volumen. Aumenta Miguel. Miguel muere con cada golpe. Miguel se destruye a cada paso. Miguel revienta por las manos. Miguel se destruye a cada paso. Clare se sienta tras de él. Javier se quita la camisa. Valery se sienta junto a Miguel. Ana baila para Miguel. Clare abraza a Miguel. Clare pellizca el pecho de Miguel. Miguel siente algo que hacía mucho no había sentido. Miguel encuentra un hueco. Cae por el hueco. Revienta por el otro lado de las esquinas. Encuentra la salida. Clare acaricia a Miguel. Clare le habla. Miguel acaricia su objeto sagrado. Javier baila para Anna. La musica revienta y todos se destruyen a cada paso. Ana baila para Miguel. Miguel y Anna baila. Miguel con las manos. Anna con los pies. Miguel y Anna bailan la danza sagrada de la isla de Malta. La falda blanca de Anna vuela con luz extraña. La manos de Miguel contra el metacrilato transparete, disparando puntos y contrapuntos, llamadas, repiques y contrallamadas hasta que todo es luz y se cae el suelo y aparecemos por el techo, le damos la vuelta a las pieles de nuestros cuerpos, vomitamos las entrañas. La canariona mueve sus muslos de musa. Caen miradas de los ojos turcos. Miguel siente a Valery como una presencia erótica. Javier baila con Anna. Begoña baila con Laura. Clare acaricia a Miguel. Los vascos lo miran todo desde su esquina. Las botellas vacías lo llenan todo. Las latas vacías lo llenan todo. Los muebles están rotos. Las mesas por el suelo. Las sillas están rotas. La ropa por el suelo. Oscuridad y pequeños puntos rojos humeantes. Oscuridad y mujeres humeantes, la transparencia dorada del metacrilato elevando el volumen hasta destruirnos a todos por dentro y sacarnos las entrañas. Salen las canarionas. Anna baila para Miguel. Javier desaparece. Clare acaricia a Miguel. Bailan los chicos de Madrid. Baila el señorito de Santander. Se van los vascos. Toca Miguel. Baila Javier. Baila Anna. Salen los desconocidos. Salen los de Madrid. Suena el último suspiro. Cae el suspiro, que a todos ahonda. Clare y Miguel salen al pasillo. Javier, Martina y Valery suben a la habitación de Javier. Miguel y Clare por el suelo. Clare trata de besar a Miguel. Miguel siente una fuerza como hace mucho no había sentido. Miguel empuja el pecho de Clare y la aparta contra la pared. Clare le pide un beso en los labios. Miguel no puede hacerlo. Clare le pide un beso. Miguel no puede hacerlo. Clare agarra a Miguel e intenta besarlo. Miguel la aparta. Los dos ruedan por el suelo. Se oyen pasos de escaleras. Anna, Begoña y Laura limpian las mesas. Miguel, Valery, Javier, Martina y Clare salen a la calle. Está amaneciendo.

Esta entrada se publicó el 20/08/2009 en 6:50 am y se archivó dentro de literatura, Relatos. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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