A cuerpo abierto, de Manuel Rivas

Los amigos de los bosques

A cuerpo abierto

Manuel Rivas

Alfaguara. Madrid. 2008. 332 pags.

Reseña originalmente publicada en Quimera. Nº307. Junio 2009

Podría ser un gran libro compuesto por artículos, porque cuando el escritor ideó sus artículos pensó que luego debían formar un libro, y los escribió en consecuencia. Pero no. Si hay escritores que escriben sus artículos de prensa para que luego, al compilarlos en un volumen, funcionen bien como obra literaria, a Manuel Rivas, en A cuerpo abierto, no le ha dado por ahí. No al menos en las doscientas primeras páginas del volumen, donde se reúnen las columnas breves que publicó en El País (lo adivinamos, no se nos dice) en fechas que tampoco quedan nada claras. Muchas estas columnas, sin duda, tuvieron gran valor como lectura para quienes las leyeron en su contexto, es decir, rodeadas de las noticias y el panorama de actualidad que completaba su sentido, y que el lector del libro, en el mejor de los casos, solo podrá recuperar como un vahído recuerdo del pasado informativo. El propio género obligó al escritor a hilar su prosa con asuntos de actualidad, pero según vamos avanzando en la lectura de asuntos efímeros, cotidianos, sin más trascendencia que la periodística, nos damos cuenta de que nos sorprendemos de verlos tratados en un libro. Y en esa sorpresa entendemos que de un libro esperamos bastante más.

Lo que A cuerpo abierto tiene de columnismo, francamente, da por saco. La literatura, como hecho universal, atemporal, se escapa por completo a esa clase de escritura compuesta al compás de la gresca política del momento, que más que cambiar el mundo se queda en propaganda para convencidos, versión free style de el editorial del periódico que la auspicia y la línea política del partido de turno. Habría que preguntarse por qué un libro que se subtitula “Una mirada indi a la España del último día” omite las críticas al gobierno del Partido Socialista (algo que no parece muy “indi”). El autor dedica la mayor parte de sus columnas a criticar a la derecha española, con un talento extraordinario, y motivos muy justificados. Pero, como mirada a España, también cabe preguntarse si esa España de las dos Españas es el retrato más renovador, interesante o enriquecedor para presentarlo a estas alturas como literatura.

También hay artículos la mar de interesantes, y piezas literarias compuestas con el oficio magistral de sus libros de relatos, aunque lamentablemente se hallan perdidos en un mar de artículos prescindibles. La gran pregunta es, ¿por qué no se quedó con lo literario? ¿Por qué no lo adelgazó? En la sección “La amnesia retrógrada” encontramos reportajes muy profundos al hilo de la batalla por la recuperación de la memoria histórica, que nos recuerdan que algunos de los textos más memorables de Rivas se tejieron alrededor del recuerdo republicando (El Lápiz del Carpintero, La Lengua de las mariposas), mucho antes de que el asunto cobrara tanto peso en la política de la izquierda española. En, “La revolución del mar”, sus crónicas sobre activismo ecologista como “viaje clandestino al cementerio radioactivo”, confirman el firme compromiso de Rivas en los últimos años con la defensa del medio ambiente. La sección “Re-existencias” se articula en torno a los animales, desde la curiosidad a la que sacar punta poética, a la reivindicación ecologista y el recuerdo nostálgico, con páginas de literatura muy bellas y evocadoras, que, con otros artículos, recuperan el sabor hondo y poético que recorre su narrativa.

En realidad, el 95% de los textos que aparecen en el libro están colgados en Internet, ya en El País, su medio original, o en sites privados donde los han reproducido sin permiso, lo que demuestra que los textos de escritores de la popularidad de Rivas que aparezcan en Internet, seguirán en Internet, por mucho que su continente primero, El País, los haga desaparecer de su buscador. El libro: buen representante del mar de contradicciones de nuestro tiempo. ¿Qué es más ecologista? ¿Un texto ecologista o un texto digital? Si ya estaba en Internet, hombre. ¿Para qué tanto papel, tanto transporte, tanto almacenaje, tanto dinero? Si de lo que se trataba era de ser ecologista… A menos que uno piense como ese director cultural de una prestigiosa institución que hace poco se lamentaba de que, como los blogs no quedan recogidos en papel, “no podemos conservarlos”. Pues vale.

Esta entrada fue publicada el 20/08/2009 a las 7:13 am. Se guardó como Crítica, Quimera y etiquetado como , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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