Sida Mental, de Lionel Tran

Libros para causar dolor

Sida Mental

Lionel Tran

Periférica, Cáceres, 2008. 155 pags.

Reseña originalmente publicada en Quimera. Nº 313. Diciembre 2009

La aparición de Sida Mental en España es la feliz consecuencia del encuentro de dos proyectos personales que merece la pena resaltar. Uno es el de Julián Rodríguez, escritor y editor a cargo de Periférica, editorial que en los últimos años se ha significado por descubrir para los españoles un nutrido grupo de autores contemporáneos de Europa y América Latina. En sus palabras: “siempre creímos que un editor del presente debe arriesgarse trabajando con textos del presente inmediato. Uno no puede ser sólo “re-editor”. Ideales así son los que ponen en el mapa a gente como Lionel Tran, un escritor radicalmente comprometido que ya había logrado un importante reconocimiento en Francia por sus libros y su labor en la editorial underground Terrenoire. En una entrevista realizada por L.Barrera, aparecida en el Periódico de Extremadura el pasado marzo, quedaron recogidas algunas muestras de su pensamiento:

Sida mental es emblemático de mi relación con la escritura; es un libro cuya gestación fue muy larga y dolorosa (…) Estaba encerrado en un callejón sin salida hasta casi volverme loco. Deseaba una sola cosa: lograr escribir (…) Y un día me dije: cuéntalo, cuenta este estado en el que vives, podrá ser patético paro al menos no será un camelo. La primera página autobiográfica que escribí fue un martirio terrible: con la mano izquierda sostenía mi mano derecha que sostenía el bolígrafo para forzarme a proseguir (…) Hace poco tiempo me enteré de que mi abuelo vietnamita, era uno de los dirigentes de la guerrilla vietcong en el delta del Mekong. Me consideré durante mucho tiempo como un superviviente. Me he dado cuenta de que, de hecho, soy un guerrero. No soy una víctima. (…) Mis libros son libros de lucha, son armas.”

Si existe un anti-pensamiento asentado en una generación de jóvenes occidentales, Sida Mental podría servir como claro reflejo de su gestación. A través de flashes de los años de infancia y adolescencia, se dibuja la personalidad sádica y masoquista de un chaval de los suburbios franceses, surgido en un hogar desintegrado, lleno de carencias y negación, en un contexto humano exento de toda belleza. Quizás sea por su temprana edad que la perversidad del protagonista hace de la lectura de Sida Mental algo crudo y hasta desagradable. El espectador, sometido a tantos abusos por parte de los medios, no debería exponerse innecesariamente al espectáculo gratuito del horror. Pero en este caso percibimos que tal espectáculo merece la pena. Que nos está llevando a alguna parte.

Si el relato del joven marginal difícilmente puede escapar de unos lugares comunes, Lionel Tran ha conseguido desposeerlo de ese romanticismo que hace de la violencia, el sexo, el riesgo y el consumo de drogas, algo excitante, casi deseable; un imaginario más para la evasión de nuestro sentido impuesto del deber burgués. Son escasos los ejercicios de verdadera degradación, que no pretenden intensificar la experiencia marginal para delirio de jovencitos, sino que la transmiten en toda su grisura, desapasionada y deprimente mediocridad. Y todavía más raros aquellos que consiguen elevarse sobre la propia mediocridad que relatan, para erigirse en arte. Sida Mental pertenece a ese último grupo de excepciones.

Algunos de los atractivos de la lectura tendrán que ver con compartir cierto placer sádico en las recreaciones del dolor del protagonista. Sida Mental es sobre todo, la historia de un cuerpo sometido a tortura. Por su sexualidad depravada, por la vejación constante de una madre desquiciada y perdida en una extravagante versión de feminismo, por la brutalidad de las cuadrillas masculinas que lo acogen, el protagonista se convierte en un mártir de la sociedad nihilista. Flashes de dolor y escenas de pesadilla recrean un territorio oscuro de violencia y patologías que marcarán al individuo de por vida. La infancia es el lugar soñado, el único donde se nos permitió ser de verdad felices, pero Sida Mental es la negación de ese paraíso, la inversión de esa arcadia en un crudo infierno de mediocridad. Como señalaba el propio Lionel Tran, contarlo también ha sido un verdadero suplicio. Tiene algo de autodeflagración. Tiene algo de terrorismo suicida. Y su mensaje tratará de explotar, pero solo en nuestros corazones.

Esta entrada fue publicada el 01/02/2010 a las 6:24 pm. Se guardó como Crítica, Quimera y etiquetado como , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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