Exhumación, de Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez

(Lectores de Afterpost; sáltense el texto en verde) Quien consiga librarse de los prejuicios que suscita la escandalosa juventud de sus autores, sabrá apreciar Exhumación, un libro donde es mejor aparcar cualquier expectativa convencional para, simplemente, disfrutar del experimento. Primero, por su extensión, brevísima para tratarse de una obra impresa, solo posible gracias a la colección Alpha Mini que Alpha Decay ha puesto en circulación. Segundo, por su autoría, compartida por dos veinteañeros ya célebres en el mundillo literario digital, principalmente por su trabajo literario, pero también por el reality show que ofrecen a través de diversas plataformas digitales en torno a ciertos aspectos de su personalidad, llevando sus avatares a un territorio límite entre realidad y literatura. Tercero, porque sería necesario juntar todos los géneros trabajados por ambos (periodismo generalista, crítica literaria, ensayo, poesía, relato, diario digital…) para acotar convincentemente los límites del experimento. El resultado; una píldora prometedora, a medio camino entre el caos y la genialidad, que adelanta la literatura de una nueva generación.

Ya dijo Ortega y Gasset que la distancia entre generaciones debía ser de quince años. Siguiendo con esa lógica historiográfica que observa la cultura como una sucesión de edades que se responden e influyen sucesivamente, no debería pasar desapercibido que Exhumación ha sido escrito por dos autores quince años más jóvenes que otros como Eloy Fernández Porta o Javier Calvo, que hasta hace un par de años algunos consideraban los díscolos jovencitos recién llegados a la literatura española. Aunque muchos sigan negando la madurez a escritores de 40 años y varios libros a sus espaldas, Exhumación refleja otra realidad; que esas propuestas han calado lo suficiente como para convertirse en una influencia innegable para la generación posterior. Se trata solo de una muestra, pero significativa, porque cambia una dinámica de fuerzas; mientras los narradores nacidos en los 70 se relacionaron con sus mayores a través de la oposición y la rebeldía, en Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez la relación es justamente la contraria: asimilación, absorción, continuismo de la labor emprendida por la generación precedente. El tiempo y los libros dirán si se trata de una excepción o se convertirá en una norma. Quizás (y solo quizás) la lógica de las generaciones nacionales siga motivando más de lo previsible en el siglo XXI.

Entonces ¿Qué es Exhumación? Llegados a este punto, el análisis ha de bifurcarse en una serie de interpretaciones imposibles de priorizar. No se nos ocurre mejor homenaje al espíritu integrado del experimento de Miguel y Rodríguez que presentarlas en formato encuesta, y dejar en manos de los lectores la última palabra. Así pues, lean con atención y elijan entre estas seis opciones. Ya veremos qué pasa.

¿Qué es Exhumación?

A) Un libro sagrado

Un relato de amor y tendencias con la grandilocuencia de un Génesis. Una exploración de las formas de sacralizar lo superficial a través del lenguaje. Una adaptación de la crónica urbana y el reportaje de tendencias al género épico. El resultado leer el mismo día la Vogue y el Silmarillion.

B) Corresponsalía desde el planeta adolescente

La autoconciencia de la inmadurez emocional de la protagonista y de Amanda, su objeto de deseo; el rollo sexy y a la vez degradante de las relaciones que nacen y mueren en los espacios públicos (¿Con qué otros espacios podrían contar estos personajes no emancipados?). Contrapuntos locuaces, campechanos, neologismos y anglicismos que dan al texto un tono despreocupado, dejando claro que por mucha elevación, la humanidad del narrador siempre regresa al punto 7 de su estado natural: el spleen adolescente, en su variedad neo-castiza. Los lemas exhortativos que aceleran las pulsaciones de la lectura; el imperativo que nos traslada la hiperactividad del sujeto, su impulso de actuar continuamente, y sobre todo; su capacidad de transformación, dado que el ser todavía es una sustancia moldeable, y sigue moldeándose, y trabajando sobre si misma, aún a salvo de la esclerosis de la madurez.

C) Novela pastoril

La discoteca como escenario principal de Exhumación. La discoteca, que al igual que la arcadia, se desvela un jardín, un espacio para el juego amoroso, aislada del mundo real, y apta para la idealización. La frivolidad de un lugar donde responsabilidad ha sido extirpada, porque solo existe esa arcadia, ese jardín de juegos. La única responsabilidad del individuo es abastecerse de felicidad; el objetivo báquico que da sentido a las zonas calientes de todas las downtown del mundo, y embriaga a la adolescencia local, haciéndola flotar en el mundo emocional de una égloga.

D) Nube de tags

Un programa de tendencias que da pie a la exploración satírica del fenómeno trendy, a través de un contraste; la utilización del relato mitológico –con sus connotaciones de petrificación, de eternidad, de fatum– para referirse al mundo volátil de la moda, de los usuarios de lo efímero, que ven así potenciada su capacidad de seducción, pero también su dramatismo. Una nube de tags, de etiquetas, de la que se desprende la idea de que crear novedad es trabajar con los signos. La cultura de la referencialidad propia de la estética visual, que permite al sujeto apropiarse de un paquete de valores a través de la mera utilización de sus significantes -ese juego semiótico que un día nos hace rastas y al día siguiente bailarines de capoira con solo cambiarnos de complementos o de sala en el gimnasio- llevada a la literatura. Personajes rendidos a la fascinación de lo superficial, sometidos a su encantamiento. Una exploración de los contrastes, donde las humanidades se presentan como oposición irónica a un mundo donde la antigüedad ha sido abolida, y la tendencia ha conquistado todos los niveles vitales; desde el aspecto hasta la sexualidad.

E) Un acelerador de partículas

Exageración de elementos futuristas, sintaxis contundente, avalancha referencial, rápidos giros argumentales que nos trasladan una sensación temporal propia de nuestro tiempo: la aceleración. Exhumación como testimonio de la última forma de la ancestral competición humana: la necesidad de mantenerse en la primera línea del cambio constante, en un escenario donde el costumbrismo es precisamente la desestabilización constante de cualquier costumbrismo. Un cuadro de personajes sometidos a una nueva angustia vital; el miedo a su propia desaceleración, a su desacompasamiento, con la urgencia de reinventarse constantemente, y la necesidad de desapego a la identidad personal, que se considera algo dinámico, en continua pérdida y transformación. El individualismo mutante como nuevo convencionalismo.

F) Un libro que no conozco

Opción habilitada por si todavía queda alguien en el mundo al que no le guste opinar sobre libros que no ha leído

Quien consiga librarse de los prejuicios que suscita la escandalosa juventud de sus autores, sabrá apreciar Exhumación, un libro donde es mejor aparcar cualquier expectativa convencional para, simplemente, disfrutar del experimento. Primero, por su extensión, brevísima para tratarse de una obra impresa, solo posible gracias a la colección Alpha Mini que Alpha Decay ha puesto en circulación. Segundo, por su autoría, compartida por dos veinteañeros ya célebres en el mundillo literario digital, principalmente por su trabajo literario, pero también por el reality show que ofrecen a través de diversas plataformas digitales en torno a ciertos aspectos de su personalidad, llevando sus avatares a un territorio límite entre realidad y literatura. Tercero, porque sería necesario juntar todos los géneros trabajados por ambos (periodismo generalista, crítica literaria, ensayo, poesía, relato, diario digital…) para acotar convincentemente los límites del experimento. El resultado; una píldora prometedora, a medio camino entre el caos y la genialidad, que adelanta la literatura de una nueva generación.

Ya dijo Ortega y Gasset que la distancia entre generaciones debía ser de quince años. Siguiendo con esa lógica historiográfica que observa la cultura como una sucesión de edades que se responden e influyen sucesivamente, no debería pasar desapercibido que Exhumación ha sido escrito por dos autores quince años más jóvenes que otros como Eloy Fernández Porta o Javier Calvo, que hasta hace un par de años algunos consideraban los díscolos jovencitos recién llegados a la literatura española. Aunque muchos sigan negando la madurez a escritores de 40 años y varios libros a sus espaldas, Exhumación refleja otra realidad; que esas propuestas han calado lo suficiente como para convertirse en una influencia innegable para la generación posterior. Se trata solo de una muestra, pero significativa, porque cambia una dinámica de fuerzas; mientras los narradores nacidos en los 70 se relacionaron con sus mayores a través de la oposición y la rebeldía, en Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez la relación es justamente la contraria: asimilación, absorción, continuismo de la labor emprendida por la generación precedente. El tiempo y los libros dirán si se trata de una excepción o se convertirá en una norma. Quizás (y solo quizás) la lógica de las generaciones nacionales siga motivando más de lo previsible en el siglo XXI.

Esta entrada fue publicada el 13/06/2010 a las 1:18 am. Se guardó como Afterpost, Crítica y etiquetado como , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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