Los Acasos, de Javier Pascual

Artículo publicado originalmente en Quimera Nº319. Junio de 2010

Contada como una suma de testimonios escritos, cuyos principales narradores son también sus protagonistas, Los acasos es una novela histórica que narra el mundo y las vicisitudes de la conquista española del territorio apache a finales del siglo XVIII, principalmente a través de su reflejo en la vida del oficial Mújica y Clavijo y el apache letrado Asén Vayé. Se han popularizado los making of que nos muestran la increíble minuciosidad con la que se produce una película “de época”. No menos abrumador es el trabajo que una sola persona (y no un equipo de cientos) debe llevar a cabo para escribir una novela como Los acasos, donde cada pequeño detalle se sustenta en una ingente labor de documentación. Por la cantidad de novelas de ambientación histórica que se publican, parece que a nivel mundial vamos bien surtidos de escritores capaces de culminar tales empresas. El resultado de sus esfuerzos puede asemejarse a un golem de papel, cuerpo tejido de historiografía dramatizada que espera, como Frankenstein, un chispazo final para cobrar vida y echarse a andar. Pero tal chispazo rara vez llega. La escasa imaginación de la mayoría de estos novelistas no produce el voltaje suficiente para que estas criaturillas de papel den más allá de unos estertores, unos bamboleos que ponen en evidencia su artificiosidad y dejan al golem frito, incapaz de vivir por sí mismo. Por eso, cuando el novelista se demuestra capaz de asimilar esa masa de documentación hasta el punto de hacer propio el mundo ajeno; cuando se le ve capaz de extraer recuerdos, sensaciones, ambientes, contingencias; cuando esa masa informe de papel se articula en un organismo vivo que echa a andar por sí mismo, algo nos dice que nos hallamos ante algo grande. Esa ha sido mi sensación, justamente, con Los acasos.

Señalaba Antonio J. Rodríguez, en un reciente post, la tendencia de la narrativa española en los últimos cinco años a justificar y dar credibilidad al narrador, en oposición a la omnisciencia decimonónica que, recordamos, consistía en contar la historia desde la perspectiva de un narrador-dios, que todo lo ve y todo lo sabe. También es así en Los acasos, que renuncia a estos poderes a través de un uso hábil del recurso del “manuscrito encontrado”, y al final nos induce a interpretar que estos legajos, que se tomaron por documentos testimoniales, quizás no fueran más que una ficción inventada por algún letrado de la época. Este giro final resulta además muy significativo si tenemos en cuenta que Los acasos es una novela histórica. Vivimos un momento en el que la ficción pura, (para entenderse, al estilo de las películas de Hollywood), suscita el rechazo de un sector prestigioso de los lectores y escritores de narrativa, que se decanta por otro tipo de literaturas, más experienciales y verídicas, cuando no directamente por obras cuya misión directa es denunciar el artificio novelesco. Uno de los ejemplos más claros de esto último se encuentra en la obra de Isaac Rosa, otro escritor muy interesado en la revisión de la historia nacional. Con El vano ayer (2004) u ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil! (2007), quiso destapar los engaños y errores de muchas de las novelas sobre la guerra civil y la transición, y más generalmente sobre la capacidad de la ficción novelesca para distorsionar una realidad que nos convendría abordar con más rigor. Más que dar vida al golem, Rosa certificaba su defunción y le realizaba una autopsia. Javier Pascual, en Los acasos, también ha sabido alertar sobre el artificio con pequeños pero elocuentes gestos (denunciar la ficcionalidad, renunciar a la omnisciencia), pero no ha dejado por ello ofrecer una ficción histórica, en la que no solo es posible sumergirse, sino que se encuentra inusualmente llena de vida. Veo en ambos escritores el mismo sentido de la responsabilidad ante la fijación lingüística del pasado nacional, aunque llevada a cabo de forma diferente: mientras Rosa construye la realidad criticando la historia, Pascual construye la historia criticando la realidad.

Novelas como El vano ayer encuentran en la innovación formal una forma de crítica a los modelos establecidos. Pero la innovación formal no siempre implica una visión crítica; Bilbao-New York-Bilbao (2010), de Kirmen Uribe, es el último ejemplo de cómo una novela fragmentaria y llena de tics renovadores puede defender una cosmovisión tradicionalista. Cualquiera que haya viajado a un país en vías de desarrollo sabe lo fácil que resulta introducir en la sociedad nuevos gadget tecnológicos o popularizar medios como la televisión o internet. Con la misma sorpresa, descubrirá que esa aparente hipermodernidad no implica cambio alguno en la mentalidad de las gentes, cuyos prejuicios, miserias y formas injustas de organización social convivirán con estos adelantos con total normalidad. En novela viene pasando lo mismo: ciertas formas novelescas de vanguardia, con influencia de la tecnología, códigos audiovisuales y fragmentarismo, lejos de implicar una evolución de pensamiento, pueden quedarse en mero maquillaje para disimular un concepto reaccionario, o simplemente repetitivo, del mundo. Mientras tanto, una novela aparentemente tradicional como Los acasos no solo incide directamente sobre nuestra realidad, sino que demuestra tener capacidad para transformarla. Late en ella una aguda intuición sobre el sentido del pasado y la historia que ha de ofrecerse lector actual, una renovada visión de cómo actualizar nuestra sensibilidad hacia la etapa colonial y los pueblos indígenas. Superando el callejón sin salida de la deconstrucción posmoderna, Los acasos ha llenado la historia de autenticidad, de vigencia, sin dejar de cuestionar su verdad.

En una novela histórica se suman dos necesidades; procurar la tensión e intensidad dramática propias de la ficción, y fijar una versión enriquecedora y honesta de lo que está retratando. En el equilibrio entre ambas está el éxito de Los acasos, que mantiene la expectación sin valerse de estrategias distorsionadoras. Siendo su tema principal la guerra, renuncia a cualquier sublimación de la violencia a través los valores (la hombría, el ardor nacionalista, la aventura, la apología a la justicia instintiva), y la presenta en toda su desnudez, como pesadilla tan natural como espeluznante, transmitida por la expresión apagada y deprimente de quien la vive como tortuosa rutina. Lejos de explotar su intensidad, la violencia se reduce a la experiencia desasosegante y aburrida que sin duda es la carnicería sin gloria de una guerra, moderna o antigua. Si hay novelas que imponen a lo que relatan el ritmo de una novela, hay novelas que se imponen a sí mismas el ritmo de aquello que relatan. Los Acasos se vive al ritmo aquella cotidianeidad, con su insalubridad, sus miserias, sus carencias, su peligro. Españoles y apaches son observados desde el mismo prisma antropológico, con un distanciamiento que restituye al apache como miembro de una civilización paleolítica, brutal, pero también llena de dignidad. Y los españoles, de igual modo, son retratados con toda la bajeza que podía procurar un entorno como el de la conquista española, fruto de generaciones criadas en el arte del exterminio y el pillaje, amparadas por un sentimiento supremacía racial y religiosa, y en último término, inclinadas al amor espontáneo, a la búsqueda final de la convivencia. Sí, podría resultar un verdadero pestiño en manos menos hábiles en el noble arte de dar vida a un golem. Pero Javier Pascual siempre sabe dar una puntada, un giro argumental, una revelación, que devuelve a Los acasos el genuino sabor de una novela. Que por todo ello corra la mejor suerte, no como su mal logrado protagonista. ¿Quién sabe los acasos?

Esta entrada fue publicada el 03/10/2010 a las 2:37 pm. Se guardó como Crítica, Quimera y etiquetado como , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: