“Providence” y la corrección política de Juan Francisco Ferré

Artículo originalmente publicado en Afterpost

El discurso novelesco se halla siempre en constante diálogo con la idiosincrasia imperante de su época, tanto cuando participa a su favor, contribuyendo a su legitimación y enriquecimiento, como cuando solo busca el entretenimiento, la evasión blanca que implica una complicidad. De ahí que, desde el triunfo de los valores de la Revolución Francesa, se tenga especial aprecio a la literatura contestataria, aquella que cuestiona, desestabiliza y trata de destruir los valores establecidos, atacando la base ideal que luego se materializa en formas de sometimiento. El activismo consiste en gran medida en una labor de nominación, en hacer explícitas las verdades ocultadas por la represión moral y política, liberando así al lenguaje de su secuestro. Con la expansión ilimitada de la libertad de expresión en las sociedades avanzadas vivida en los últimos años, podemos decir que ese programa contestatario del arte ha sido un rotundo éxito. Son muchas las democracias donde los valores de la igualad, el reparto, etc, han sustituido como base ideal al viejo sistema que servía de sustento moral al poder, si bien éste ha mantenido, por supuesto, toda su vigencia material, pero ya privado de cualquier altura filosófica, visto como una aberración por una gran mayoría de la opinión pública, que lo ataca constantemente.

En el viaje al centro de los grandes bloques políticos y, por arrastre, de sus minorías más pedestres, el triunfo retórico del sistema de valores progresista ya es un hecho. En este contexto surge la llamada “corrección política” que, lejos de limitarse a ser un fenómeno que cambia un puñado de expresiones, se ha acabado convirtiendo en la idiosincrasia más influyente de todos los discursos del momento: desde la política, los medios periodísticos y entertainment, al cine y la literatura. Fundamentalmente, esta es la fantasía en la que se sustenta: si hacemos triunfar un lenguaje de igualdad (tolerancia, respecto, etc), habremos implantado virtualmente estos valores en la sociedad. Para tal triunfo, no solo se pretende la erradicación de toda forma de lenguaje que denote idiosincrasia del viejo orden, sino que se inventan todo tipo de formas de censura y desambiguación ideológica, en cuya creación los creadores están teniendo un papel crucial. Puede observarse aquí la inversión producida: una vez arrebatada a las fuerzas conservadoras, la censura es reutilizada por las fuerzas progresistas para la sincera búsqueda del bien social.

La influencia de la corrección política en los novelistas y ensayistas españoles es tan grande como cabría esperar, sobre todo, entre los asalariados de los brazos mediáticos de los partidos que la consideran uno de sus mayores legados. Sus excesos estigmatizarán la literatura del s. XXI, al igual que la excesiva fe en el progreso industrial y el avance de las naciones ha vuelto hoy ridículos muchos textos del s.XIX. Hasta entonces, se impone en el narrador el deber de reafirmar en sus tesis finales, disipando cualquier ambigüedad, estos valores que, pese a la creencia de los más fatuos activistas, ya no son los reaccionarios, sino una versión para todos los públicos del progresismo. Finalmente, toda novela, película o discurso público ha de responder ante los referentes morales por excelencia del siglo XXI: las víctimas. La corrección política está fabricada 100% a medida de las víctimas, tanto para su legítima satisfacción y reparación, como para su subrepticia ocultación y sometimiento.

Ese es el contexto en el que hay que entender Providence, la última novela de Juan Francisco Ferré. Por su envergadura (casi 600 pags), su amplitud de sentidos y su ambición, he prescindido de hacer un repaso de sus contenidos, para intentar reforzar una idea: según mi conocimiento, es la respuesta más completa y contundente que ha dado la literatura al fenómeno de la corrección política en la actualidad. Teniéndola por una de las mentalidades dominantes en las sociedades avanzadas, entiendo que la importancia estratégica de la novela de Juan Francisco Ferré es enorme. Instalado en una zona de la muerte, objetivo potencial de trincheras ideológicamente contrapuestas, Ferré libra su guerra personal a través de una voz narradora que se desdobla en personajes y textos diversos, pero, sobre todo, toma forma a través del protagonista Álex Franco, director de cine español y profesor de una universidad en Providence, USA, viva encarnación de un tiempo caracterizado por la pujanza de vocaciones creativas, la proliferación masiva de “personalidades” y su consecuente devaluación. El carisma de Franco reside en su libertad para dar rienda suelta a sus prejuicios y abusos narcisistas; su abierta misoginia y su reducción de las mujeres a objetos sexuales; su desprecio por la inferioridad en todas sus variantes, pero sobre intelectual y artística; su búsqueda del beneficio personal por encima de cualquier otro valor y a través de cualquier medio; su rebeldía inclasificable en cualquier militancia conocida, que le llevan a enfrentarse a todo y todos, pero con especial inquina, a aquellos que se toman por sus semejantes.

Como alegato total en contra de la corrección política en todas sus variantes, el consumo de Providence puede provocar en el lector la sensación de haber despertado de un hechizo que mantenía sus lecturas actuales sometidas a una subliminal forma de censura; la auto impuesta por los escritores –a menudo inconscientemente- para mitigar sus íntimos prejuicios, odios, miserias, deformaciones, eliminando cualquier ambigüedad en el sentido final de sus textos que pueda hacerlos sospechosos de disidencia de la causa global a favor de las víctimas y la armonía social. En Providence, el propio narrador será el centro de una corrosiva exploración intelectual del mundo a través de sus defectos; frente a la exaltación de lo positivo como dopaje entusiasta para subsanar las diferencias, Providence devalúa al género humano y la realidad a través de un trabajo de desmitificación que destruye cualquier halo de idealismo. Tal procedimiento está lleno de poesía, y procura en la prosa de Ferré pasajes absolutamente geniales. Si la sublimación consiste en extraer del objeto las esencias que sirven para elevarlo, el logro de la devaluación de Ferré es resaltar la verdad ácida que rompe el hechizo, el encantamiento de las cosas, y devuelve la percepción a un realismo degradado, destapando las vergüenzas, denunciando la bajeza que late tras cualquier acto grandilocuente. El hecho de que la crítica de Providence se centre a fondo en dos grandes instituciones de sublimación de nuestro tiempo (el cine y la universidad), resulta de lo más atractivo. Hay obras que hacen literatura, que deben trascender de la vida mortal que hoy les depara la sociedad de consumo. Ojalá sea así con Providence, que merece sin duda toda la atención que puede brindarle a un libro el paso del tiempo.

 

Esta entrada fue publicada el 25/03/2011 a las 6:12 pm. Se guardó como Afterpost, Crítica y etiquetado como , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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