Los jugadores de Whist, de Vicent Pagès Llordà

Artículo originalmente publicado en Quimera. No 328. Marzo 2011

Cuando uno recibe un libro tan recomendado como ha llegado Los jugadores de Whist en su edición en castellano, la primera reacción es la desconfianza. En su colección de narrativa, la editorial JP ha decidido prescindir de la clásica fajita, y ha tatuado en la portada y contraportada citas selectas de las elogiosísimas críticas cosechadas hasta el momento por la novela de Pagès Jordà. La más lapidaria sirve de encabezado para el título: “Uno de los libros más importantes de los últimos diez años. El Periódico”. Estarán de acuerdo en que ni ha propósito hubieran encontrado mejor frase para llamar a la rebelión de los lectores críticos, siempre desconfiados del legendario afán lisonjero de cierto periodismo literario. Una cosa es celebrar cualquier buen libro de cualquier estilo (viva la diversidad, etc), y otra muy distinta es la lucha encarnizada por el centro del canon, donde ya no hay espacio para aceptar todas las propuestas, sino que es necesario tomar partido, decantarse, elegir y rechazar. Y así comenzó mi lectura de Los jugadores de Whist, espoleada por esa loa altanera que me ponía a la busca y captura de las razones por las que no debía ser considerado el libro de la década. Una vez terminada esa lectura, la búsqueda ha fracasado felizmente. Estamos ante un hito en la narrativa posmoderna de nuestro país, y ante algo todavía más escaso: una de esas obras no solo importantes para los amantes de la literatura, sino para toda la comunidad a la que aluden.

A lo largo de la historia, las funciones de la novela han ido evolucionando, obligando al escritor a inventar nuevas formas para plasmar un mundo cambiante. La ambición de Los Jugadores de Whist queda constatada cuando comprobamos como Pagès Jordà ha logrado satisfacer varios de esos objetivos que las novelas (y las épocas) suelen plantearse de uno en uno. En sus comienzos, cumple funciones muy parecidas a las de obras clásicas como Sueño en el Pabellón Rojo o La Regenta: fijar la memoria de unas gentes, incidiendo en lo desatendido por la crónica histórica: la memoria sentimental, los usos y costumbres, la cotidianeidad, el consumo cultural, etc. Luego, según pasamos las páginas, va ganando peso ese afán obsesivo de la novela contemporánea, que va desde Joyce a Houllebecq: cifrar el desasosiego existencial del individuo medio, poniendo en palabras su experiencia vital trascendental, que no trascurre a través de la acción, sino del pensamiento, las sensaciones y sentimientos de los que apenas quedará un leve reflejo en el mundo exterior. Finalmente, sincopado con lo demás, Los jugadores de Whist se resuelve como una novela fragmentaria, lanzada a la conquista del nuevo reto de implicar a la literatura en la expresión de la experiencia vital y la búsqueda de sentidos de la nueva sociedad red. Ahí es nada.

Por lo que respecta al argumento, Los jugadores de Whist transcurre con altas dosis de realismo. Los giros y avatares corresponden a los de una vida normal, sin sobresaltos que aumenten el dramatismo de las historias. Lo que principalmente se recoge es la vida de Jordi, un hombre de clase media de la Cataluña de provincias, desde su infancia hasta el cenit de su madurez, que servirá como columna vertebral para hablar de la vida de sus coetáneos, sus allegados, familiares, amantes y, muy especialmente, de Figueres, la ciudad de nacimiento y única residencia del protagonista. En el impás de esta vida, cobran especial importancia los años de infancia, las experiencias iniciáticas y el contexto que determinará para siempre la personalidad de Jordi. El esfuerzo de reconstrucción de ese origen, siempre desde una perspectiva popular, puede asociarse a esta tendencia revival tan de moda en los últimos años, que va desde el éxito de Cuéntame hasta el relanzamiento de viejas glorias del pop. Su encanto reside en devolvernos a un mundo en vías de extinción, a través de un aluvión de referencias e inferencias que despiertan nuestra memoria dormida de aquellos (no tan maravillosos) años. Habitualmente, el ejercicio se resuelve como un empacho nostálgico donde cualquier perspectiva crítica queda sepultada bajo un mar sepia de sentimentalismo. El revival, por esencia, se regodea en esa operación fraudulenta de la memoria por la cual uno puede acabar echando de menos una dictadura comunista solo porque echa de menos el olor de la marca de jabón que se comercializaba por entonces. Lo interesante de Los jugadores de Whist es que, siendo un producto revival, evocador, alentador de un pasado generacional, gestiona la nostalgia de una forma diferente. De una forma, digamos, astuta. Sin dejar nunca de ser entrañable, el pasado nos llega como un tiempo tibio, ordinario, sin intensidad, sin grandes contrastes con la medianía del presente, que se nos presenta en flashfowards a través de capítulos intercalados, principalmente centrados en un solo día: la boda de su única hija Marta.

Al costumbrismo de esa infancia, genuino de un lugar y un tiempo que nunca volverán, se opone una realidad actual que arranca con el episodio de la boda de la hija, y se desarrollará en adelante a través de la relación platónica que Jordi entabla con Halley, una de las amigas veinteañeras que acuden a la boda. Tanto esta chica como Badboy, novio y futuro marido de Marta, se convierten para Jordi en una obsesión que le obliga a replantearse la imagen que tiene de sí mismo. Badboy se perfila como su sustituto indeseable con Marta, y por extensión, como el sustituto de Jordi en la sociedad. Pagès Jordà dibuja al futuro yerno como una consecuencia defectuosa de los nuevos tiempos, la versión depauperada de la cultura basura de la adolescencia actual. En la frustración de Jordi por la celebración de esa unión, late la pulsión del hombre medio que, sin grandes logros personales en su haber, vuelca sus aspiraciones de autorrealización en el futuro de sus hijos. Los esfuerzos, las privaciones y la dedicación de dos décadas consagradas a la cría se ven de pronto vaciados de significado ante la consumación de un fatum: la perpetuación de la mediocridad de la vida.

Si los lazos de Jordi con Marta y Badboy los incluyen a todos en la misma grisura, la veinteañera Halley sirve a Pagès Jordà para abrir un nuevo espacio de desasosiego existencial. Jordi, un hombre en plena crisis de madurez, establece con Halley una relación platónica que no solo atañe al plano sexual, sino que le lleva a idealizarla como una versión alfa del prototipo del joven perfecto del siglo XXI. Brillante, superfotogénica, liberada sexualmente, con sofisticadas inquietudes culturales, siempre en la última tendencia, con una agenda que echa humo, Halley es tan inalcanzable como retroceder en el tiempo. Esta relación, que se articula sobre todo a través de Internet, sirve al autor para trasladar a la novela las formas expresivas de las redes sociales, y narrar con éxito la experiencia del internauta. De lo leído hasta ahora, Los jugadores de Whist me parece una de las novelas que plasman con mayor rotundidad los procesos emocionales a los que se ve sometido el individuo que traslada a Internet su relaciones con otros seres humanos. Jordi se hace un consumidor adicto de una vida que le llega por fragmentos, por el rastro de mensajes, fotos, información de perfil, y solo le atañe personalmente muy de vez en cuando, sumiéndole en una espiral de suposiciones y estrés sentimental. En el control de Jordà sobre lo que se cuece en la red, hay una buena pista para comprender cómo un escritor nacido en 1963 ha podido construir tan bien un relato sobre la última generación.

Quizás, con tanta desazón existencial, el lector crea que Los jugadores de Whist es brillante, sí, pero tan animada como para querer pegarse un tiro. Al contrario: Pagès Jordà ha escrito una novela con un estilo que huye del rollo intelectual y resulta muy entretenida, (siempre que uno sepa saltarse unas cuantas páginas en el momento adecuado). No hay un párrafo sin humor, ni situación o idea que no se presente con ironía. Y es que los mejores libros, también suelen ser los más divertidos.

Esta entrada fue publicada el 12/05/2011 a las 9:23 am. Se guardó como Crítica, Quimera y etiquetado como , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en “Los jugadores de Whist, de Vicent Pagès Llordà

  1. Al parecer, has puesto al día la bitácora con una compilación de las críticas publicadas en Quimera. Para que veas que yo soy ese (el tipo que sigue tu blog). Saludos cordiales.

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