Suommelina, de Javier Calvo

Artículo originalmente publicado en Quimera nº325. Diciembre 2010

El pasado viernes 12 de noviembre, en el Salón de Baile de El Círculo de Bellas Artes, los asistentes al Festival Ñ pudimos asistir a la representación de Soumelinna, el performance literario con el que Javier Calvo ha querido dar vida escénica a su último libro, publicado con el mismo nombre en la editorial Alpha Decay. A priori, el espacio de representación elegido generaba un interesante contraste con la naturaleza del espectáculo, que bebe del imaginario del black metal y pone en escena un repertorio de actitudes más próximas a las de un concierto de rock duro que a la típica acción artística habitual en esa clase de espacios. Las columnas de mármol, las mesas de buffett con rectos camareros y cierto aire cortesano entre los asistentes –casi todos sentados en mesas, con actitud reflexiva y distante- no contribuyó a generar ese calor gamberro y algo adolescente que hubiera realzado una pieza basada, en gran medida, en emular la relación con el público del directo de una banda.

Suomelinna es, a groso modo, Javier Calvo narrando la historia del libro, mientras el músico Ignacio Bois interpreta la banda sonora, y una actriz declama puntualmente algunos fragmentos. Para ello, el escritor efectúa una dramatización con la que trata de enfatizar y dar intensidad al relato, basándose en los registros habitualmente desplegados en el género del black metal, y llegando a romper su voz al estilo de sus vocalistas, para enfatizar así los clímax y las partes más intensas. Calvo recurre a ese tono maléfico y abyecto con el que se suele marcar la presencia del mal en una narración. Y mientras, Ignacio Bois va creando atmósferas y melodías ambientales con un sinte y una guitarra enchufada a un multiefectos, con breves pero excelentes momentos de protagonismo musical, como el tapping que se marca percutiendo con los ocho dedos sobre el mástil, en clara alusión a la técnica emblemática de la guitarra heavy. Por lo demás, la puesta en escena es muy sencilla; unos cirios rojos de plástico crean un semicírculo que acota el frontal del escenario, y un pequeño lienzo en el suelo muestra la ilustración que aparece en la edición de Suomelinna de Alpha Decay. Los intérpretes no usan más vestuario que su ropa de calle.

Creo que hay dos formas de recibir el spoken word de Soumelinna. La primera es la de quien acude al espectáculo como quien acude al teatro, sin conocer el texto literario ni ser fan del autor, y la segunda es la de quien ha leído el libro y tiene un interés previo en la obra de Javier Calvo, y se lo toma como un acto complementario a la lectura. En mi opinión, la Suomelinna que vimos en el Festival Ñ funcionó para el segundo caso, y no tanto para el primero, lo que ya en sí puede proponerse como una pauta general para juzgar la mayoría de performance literarios. Como espectador de un performance u otro espectáculo teatral, espero una puesta en escena y una interpretación del nivel propio de alguien que ha dedicado sus energías a formarse en estas disciplinas, y demuestra un talento artístico específico para ellas. El festival Ñ ha supuesto una demostración de que el spoken word es una tendencia creciente en nuestro país. Y quizás, una reflexión importante para su consolidación sea entender su componente relativo de novedad. Resulta novedoso que los escritores se lancen a protagonizar espectáculos, y también que estos espectáculos se ofrezcan dentro del programa del evento literario. Lo que no puede ser tomado como novedoso en sí es el propio hecho del espectáculo. Todo escritor que proponga un evento de estas características tendrá que tener muy presente con qué disciplinas está dialogando, ya sea teatro, música o video arte, y ponerse a su nivel.

Con todo, Suomelinna apunta a ambiciones coherentes con las exigencias del medio, y supone una apuesta con unos presupuestos estéticos originales y atractivos. Para muchos de los que vivimos el ambiente literario como un espacio un poco rancio, ver a Javier Calvo, Ignacio Bois & Co dando caña ante el marmóreo auditorio del Círculo de Bellas Artes estuvo muy bien. Pero sobre todo, este spoken word me parece una oportunidad para los lectores de Javier Calvo de vivir una experiencia de directo con su escritor, y disfrutar de una versión performativa de Suomelinna. De sumar, en definitiva, una nueva dimensión a su experiencia de lectura. No hay que olvidar que Calvo ha sido uno de los poquísimos escritores que ha ofrecido ideas a favor de la distribución libre de la literatura a través de Internet, proponiendo, precisamente, esta clase de acciones como alternativa de financiación.

Esta entrada fue publicada el 12/05/2011 a las 9:08 am. Se guardó como Crítica, Quimera y etiquetado como , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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