“Teatro”, de Don DeLillo

Artículo originalmente publicado en Quimera. Nº334. Septiembre 2011

Siendo DeLillo un escritor reconocido principalmente por sus novelas, este crítico esperaba que su teatro fuera una confirmación de sus dotes novelísticas, adaptadas con mayor o menor habilidad a la forma teatral, pero no una dramaturgia con personalidad propia. Quizás por eso, en mis primeras notas apunté con excesiva perspicacia rasgos evidentes de esa contaminación: exceso de narratividad en los diálogos, y cierta tendencia a que los personajes se expliquen en exceso a sí mismos, sin dejar espacio para ese subtexto que es esencial para abrir la obra a la interpretación de actores y directores. Y sin querer, me estaba olvidado de que De Lillo es un genio.

Bajo mis críticas apresuradas, subyace la eterna crisis esquizofrénica de la recepción del texto teatral, que no se sabe bien si nace para ser leído, representado, o para lograr la difícil meta de satisfacer ambos propósitos, tan dispares. Personalmente, considero que el teatro que no se escribe para su representación, ignora con frecuencia los recursos propios del género, convirtiéndose en mera narrativa guionizada, que lleva al lector a imaginar a los personajes viviendo situaciones reales, cuando lo que debería evocar en su cabeza es la situación teatral que representa esas situaciones. Abandonado por lectores, críticos y editores, el teatro debería más que nunca reivindicar un lenguaje artístico singular, sin hacer concesiones a ese receptor que intenta imaginar el mundo a través de él, cuando lo que le es dado a imaginar es su escenificación. Si bien al principio Teatro puede levantar recelos en este sentido, la genialidad de De Lillo acaba imponiéndose, una vez comprendemos la ambición de su propuesta: conseguir que ambos planos de imaginación, el narrativo-realista y el teatral-escénico, acudan a la mente del lector de forma simultánea, amalgamada, sin renunciar a ninguno. Y lo consigue

¿Cuáles son los temas recurrentes de esta antología? la enfermedad, la relación entre tecnología y humanidad, la exploración existencial y emocional del individuo contemporáneo, la televisión como metafísica… en resumen, los esperables en la literatura de De Lillo. Más que por un novedoso contenido, fascina el enorme talento con que el autor traduce su imaginario a un lenguaje genuinamente teatral, con una sofisticación y unos recursos originales, exclusivos, no calcados de sus hallazgos narrativos. La potencia e innovación de su dramaturgia es tal que uno se pregunta como hasta ahora solo ha oído hablar del Delillo novelista, cuando su genio para el teatro es equiparable. Quizás esta antología de Seix Barral ponga puntos sobre esas ies.

Los momentos más brillantes de las cinco obras que componen Teatro, se producen en la mezcla hiperrealista del directo con la capacidad alegórica y los juegos metateatrales propios del drama. En La habitación blanca, enfermeras, médicos y pacientes van siendo reclamados como enfermos mentales, destruyendo así todas las certezas del espectador, al denunciar el comportamiento rutinario de los individuos como pura locura. Lo cotidiano gira al surrealismo, que incomoda y descoloca profundamente, como la televisión representada por un demente maniatado que emite instrucciones desconcertantes. En la brillante y brevísima el arrebato del deportista en su “Asunción del cielo”, se explora el momento de gloria de un tenista que rota de 360º en el escenario, mientras se narra el patetismo del camino que lo llevó hasta la cumbre. Valparaíso comienza con una entrevista a un individuo sobre un viaje en avión: “¿Ninguna inquietud, ninguna sospecha de que algo iba mal?” “Únicamente a sensación de abandonar la tierra. Siempre la sensación de que no nos está permitido” Y en “Sangre de amor” engañado asistimos a un asesinato a cámara lenta a través de sedaciones a un comatoso, por parte de los miembros de su desintegrada familia. Es la capacidad de DeLillo de dotar de una profundidad inigualable la experiencia contemporánea, llevada a escena. Mucha mierda.

Esta entrada fue publicada el 30/09/2011 a las 8:29 am. Se guardó como Crítica, Quimera y etiquetado como , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en ““Teatro”, de Don DeLillo

  1. Marjo en dijo:

    Muy interesante el artículo. Yo hace poco ví la película de Cosmópolis, me dejó intrigada. Por un casual, ¿Has leído el libro?

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