No drugs. Free love and hugs.

Sábado noche en la capital pequinesa, cuando la comunidad internacional sale a beber alcohol y buscar sexo, uno de los pocos los rituales que los chinos aún no comparten con nosotros. Lugar: 2 Kolegas, un garito ubicado en un descampado en medio de rascacielos y recintos diplomáticos. Nos apelotonamos para ver las ceremonias de un taller de capoira, formado por mujeres de negocios y profesionales liberales que bailan con taparrabos y los pechos desnudos, imitando danzas folclóricas de pueblos cuya mera existencia resulta incongruente con los alógenos que incendian el horizonte futurista de Liangmaqiao. La clase extraescolar del niño se ha convertido en el pequeño espacio de realización personal del adulto. Ahí debe quemar las energías vitales reprimidas durante su horario productivo, y qué mejor forma de hacerlo que las danzas folk-tribales brasileiras, una mezcolanza de catarsis física, rito místico secular, patio de juegos sexuales, exhibición y disfrute de cuerpos. Los de alrededor, bebemos, miramos, grabamos y colgamos a tiempo real nuestra propia epifanía como espectadores. ¡Tía, en Pekín y viendo capoira! (Enviado desde mi IPhone).

Mi amiga paulista se aburre mientras esos aprendices de brasileiros (rusos, japoneses, alemanes) se lanzan patadas al ritmo del berimbao. Mierda para gringos, dirá después. Pero cómo les brillan los ojos, en medio de sus danzas tribales, unidos por el círculo mágico de sus tardes inolvidables de actividad extraescolar, ahora que un tumulto de espectadores comprados cumplen con su papel. Salgo a la terraza y me encuentro a un conocido que trabaja vendiendo industria nuclear. La cosa anda paradilla, me dice. Después de Fukushima, China está cambiando las cadenas de producción para la construcción de sus nuevas centrales. Ahora van más despacio, intentan hacer las cosas mejor, lo que ha ralentizado bastante el negocio… A ver si coge ritmo otra vez, comenta el tipo. Pues a ver si lo arregláis pronto, me oigo decir, mientras remuevo una caipiriña de color cianuro. Hay que ver; solo por empatizar con el tipo con que te tomas una copa, eres capaz de desearle que se reactive el programa nuclear chino barato. Suenan los berimbaos, suena el tambor, crescendo de cuerpos chocando palos, gritos, y más gritos.

La clase extraescolar adulta a veces se expande hasta formas tremebundas. Una mujer serbia me habla de su sueño de abrir en Brasil una cooperativa de conocimiento. Lleva 7 años trabajando en una empresa, y 12 sin leer un periódico. Coincidimos en que el único tiempo que a ambos nos interesa es el de la literatura. Simpatía mutua. Intercambio de mails. Y ahí se acaba, me tengo que ir. Mi clase extraescolar de borrachera y socialización ha llegado a su fin. La capsula amarilla y azul del taxi se desliza frente a la embajada japonesa, rodeada de vallas anti disturbios y perros policías. Seguimos las corrientes asfálticas que nos arrastran y nos rebotan hasta el hogar. Oficinistas con taparrabos, traductoras con túnicas evangelistas, delegados comerciales y personal de la embajada con sombreros de pescadores. Qué facil de olvidar será todo lo que nos ha pasado esta noche. El irónico, the cynical heroe of this fallen world. Dios, ya me da todo igual en esta ciudad, qué horror.

Esta entrada fue publicada el 28/09/2012 a las 12:02 am. Se guardó como Crónicas y etiquetado como , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Un pensamiento en “No drugs. Free love and hugs.

  1. Nacho en dijo:

    Estos chinos, lo imitan todo…

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