Conociendo a Juan Francisco Ferré: una entrevista sobre su último libro de ensayos

“No hay nada que haya que sacralizar, como algunos poetas hacen con el lenguaje”

Para celebrar el premio Herralde concedido a Juan Francisco Ferré, publico esta entrevista mía al autor, que apareció en Quimera la pasada primavera, a raíz de la publicación de su libro de crítica literaria Mímesis y Simulacro. Hablamos durante un congreso de literatura en Lausana, Suiza.  Otras  entradas relacionadas con este autor en este blog se encuentran aquí: . Entre ellas, dos reseñas: sobre Providence; y sobre Homenaje a Blancanieves. 

Mimesis y simulacro es un libro temático. ¿Es también una antología representativa de tu pensamiento crítico?

Sí, sin duda. Los autores son muchas veces un pretexto, que representan determinadas tendencias o escuelas en la historia literaria desde siglo XVIII al XXI, pero la teoría crítica que aparece citada en el libro sí es fundamental para mi pensamiento, que es el sustrato del libro.

¿Has encontrado en la literatura una fórmula para hablar de todo?

Sí. Ya escribí en el prólogo a Mutantes (Berenice, 2007) que para mí la literatura es el metalenguaje de todos los lenguajes. Lo ha recordado hoy precisamente Carlos Gámez en su ponencia, desde la perspectiva científica desde la que trabaja. La literatura, desde su código -que evidentemente también está también marcado por ideologías, historia, y otros códigos- puede asumir tanto lo tecnológico, como lo científico, lo histórico, lo sociológico, etc. A mí la literatura me ha interesado más en lo personal, aunque otras artes me fascinan igualmente. Pero el metadiscurso literario es el que para mí lo engloba todo.

 Soy partidario de Nietzsche cuando decía aquello de que la filología es la gran enemiga de la creación, el arte y la literatura

En el libro se prescinde de citar las fechas y la procedencia de los textos, pero se observan líneas diversas. Hay textos más cercanos a la filología, otros textos críticos más libres, y otros con tintes posmodernos. ¿Esto se debe a una evolución, o son líneas que trabajas en paralelo?

No, hay simultaneidad. Para mí, en cuestiones de pensamiento o reflexión crítica o teórica, siempre hay una simultaneidad. Hay veces que puedo ser divulgativo o actual y otras plantearme un trabajo más sesudo, filológico y reconocido por la academia. Me interesan todas las líneas a la vez, y no he querido unificar, porque me daba miedo crear un texto que -en las páginas que tiene éste (300)- se mantuviera un monólogo permanente de la misma voz, los mismos registros y recursos. Quería mezclar formas de abordar la cuestión literaria. Bien es cierto que a partir de la aparición de la literatura posmoderna americana, en la segunda mitad del libro, sí que se implanta una forma de reflexión que está muy centrada en lo tecnológico, en lo mediático, y es realmente la dominante.

Una faceta que se conoce menos de ti es la filológica. Hay textos de Mímesis y Simulacro que parecen dirigidos a esa disciplina, por los autores que tratas, de los que solo se habla en sus dominios. ¿Cómo valoras su estado actual?

Yo estudié en los 80’ en la facultad de filología de Málaga, y el estado de la filología hace mucho que me parece decrépito. Soy partidario de Nietzsche cuando decía aquello de que la filología es la gran enemiga de la creación, el arte y la literatura. En ese sentido, Nietzsche era un anti- filólogo como yo me considero a mí mismo. Pero Nietzsche, como gran precursor del movimiento del que yo soy modesto discípulo, sí demostró también que tener una formación filológica te permite abordar estas cuestiones con una solidez y conocimiento más convincentes que desde la frivolidad teórica, o sin tener control de la materia. También me interesa utilizar la filología para demostrar que su discurso es insuficiente, porque cuando llega la hora de dar cuenta de determinados textos, sobre todo novelas, no llega, no alcanza. Los instrumentos de la filología para abordar la novela -no tanto la poesía, que en eso hay más convenciones- fracasan totalmente.

También sales a la caza del elefante blanco, cuestionando a personalidades históricas de nuestro país que se tienen por intocables. Ortega y Gasset es el más llamativo.

Ortega y Gasset me interesaba porque su ideario sigue vigente para muchos novelistas, y ha influenciado demasiado el sistema literario español desde los 80´, inculcando la idea de que lo experimental está excluido, y que cualquier innovación o juego literario son gratuitos; que determinados temas, ya sean ideologías, discurso político, reflexión histórica o filosófica, no deberían estar en la novela. Como esto es una convención muy establecida del sistema español, me parecía que lo más normal era abordarlo desde la fuente, que es esta especie de Aristóteles periodístico del siglo XX español que es Ortega y Gasset, un hombre muy perezoso, porque leyó pocas novelas. En algún caso puede acertar: ve la vitalidad de Baroja, y entiende que la novela, en cierta forma, es el discurso de lo nuevo que hay en el mundo. Pero también impone el código aristotélico como si fuera la única forma de abordar la novela, diciendo: “el siglo XIX ya no nos vale porque ya ha periclitado, pero los desafíos que nos plantea el siglo XX deberíamos resolverlos de un modo menos conflictivo, menos polémico que como quieren algunos”. Ahí se equivocó, porque no entendió a Valle Inclán, ni a Unamuno, y no supo más que dar una visión estereotipada de la literatura que ha hecho mucho daño. Sí tiene mi respeto intelectual hacia otras cosas inteligentes que dijo sobre la novela, donde acertó, aunque fuera por casualidad.

 

Y también metes alguna puyita a los poetas…

El peso institucional de los poetas en España es excesivo. En cualquier otro país la poesía está en su lugar, un lugar no preponderante, pero en España, dada la abundancia de poetas, el poder institucional que han llegado a tener, y lo bien que quedan en las fotos de los políticos, les han dado un peso que no deberían tener. Eso hace que la comunidad poética sea como una especie de comunidad religiosa que comulga de un sacro verbo, y esto a mí me cansa mucho. Los poetas se refugian en un parque temático de lo sagrado, mientras que los novelistas estamos dejados a la intemperie del mercado y no se debe hablar de nosotros ni tomarnos en serio, porque no somos sagrados, somos “prosaicos”. Hay que reivindicar lo contrario.

Hay cierta irreverencia en tus respuestas, muy característica de Juan Francisco Ferré. ¿Por qué eres irreverente?

Por temperamento. Lo vital en mí se conecta con lo intelectual, como le pasaba a Nietzsche, que me ha marcado en eso: tus ideas tienen que estar conectadas con tu forma de entender la vida, de practicarla y de vivirla, y evidentemente mi pensamiento está en conexión con mi vida. Yo no hablo en abstracto ni de aporías absurdas. Cuando ataco ciertas cosas y soy irreverente es porque en mi vida soy irreverente. No hay nada que haya que sacralizar, como algunos poetas hacen con el lenguaje. Yo eso no lo comparto. El lenguaje hay que promiscuirlo y prostituirlo.

Volviendo al ensayo. Tras su lectura,me dado cuenta de mi propia falsa sensación de creerme bien nutrido de temas literarios a través de redes sociales, blogs y demás cultura digital. ¿Tú crees que el fast food teórico puede acabar haciendo peligrar ejercicios serios como el que implica escribir y leer un libro como Mímesis y simulacro?

Yo también como de vez en cuando fast food. No tengo nada en su contra. Si algo me preocupa es cuando el fast food o lo contrario, la teoría pesada, se convierten en dominantes. Si los discursos más contundentes se estuvieran convirtiendo en dominantes, habría que aligerarlo todo y frivolizar más. Pero nosotros pecamos de lo contrario; de una cultura de entretenimiento, de diversión, de lo fatuo, lo insignificante. Al hacer este libro, montarlo, y escribir algunos de sus ensayos, me apetecía llevar la contraria, incluso parecer demasiado sesudo o intelectual, en un contexto en el que la gracia mediática es ser un frivolón. Yo puedo serlo en mi vida, y en algunos aspectos de mi literatura de creación, pero cuando para hablar de literatura, en un ensayo que se plantea la realidad y su representación como objetivo último en la literatura, había que ser pesado porque si no habría forma de abordarlo.

 No veo diferencia entre el enfoque político y la dimensión estética

¿Son buenos tiempos para la teoría?

Bueno, son malos tiempos si pensamos en términos generales. Pero si pensamos en un recrudecimiento del interés de ciertos sectores jóvenes por los gustos culturales, o por entender qué coño pasa en el mundo, es normal que se interesen por la teoría literaria, porque la literatura tiene mucho que decir al respecto. En ese sentido, la literatura puede recuperar un potencial que habíamos olvidado que tenía.

Has empezado diciendo que en términos generales son malos tiempos…

Son malos tiempos para el pensamiento, que ha sido declarado el enemigo número 1º de la sociedad del espectáculo. Su dimensión reflexiva, distanciadora, está muy mal vista en esta sociedad, porque impide que la máquina funcione del modo engrasado que se espera. Si a la sociedad de consumo y al mundo del entretenimiento le introduces pensamiento, estás bloqueando el juego, paralizando la máquina. Los debates televisivos me han terminado cansando porque quien hace el debate no confía en la palabra, ni en las ideas y la inteligencia de los invitados, y manipula de todas las formas visuales posibles, para que esa palabra y esa inteligencia no sean percibidas en primer grado. La inteligencia ha sido excluida del sistema. Por peligrosa.

El gran fracaso de estos escritores [Cercas, Rosa, Golpegui] es que sus formas de narrativa solo sirven para legitimar un discurso que está previamente establecido

Me satisface como lector que tu teoría crítica tienda mucho al enfoque político. Esta es una de las características más notables de Mímesis y simulacro ¿Qué se pierde el esteta?

Nada. No veo diferencia entre el enfoque político y la dimensión estética. Todo lo que trabajas en lo estético tiene una dimensión política, y viceversa. En mi novela La fiesta del asno, o en mi relato Homenaje a Blancanieves, que a ti te interesó bastante en su momento, he demostrado que se puede trabajar en las dos dimensiones a la vez, redundando el trabajo de cada una de ellas en la otra. Por tanto, no veo ninguna contradicción entre una y otra dimensión. Hay gente que así lo ve, pero ese es el problema de la estética entendida como ideología, que es cuando se reprime lo político, y a mí reprimir lo político no me interesa.

 

En el capítulo sobre Cercas, Isaac Rosa y Belén Golpegui, hablas positivamente de sus novelas más emblemáticas, pero también pones en evidencia un cierto fracaso, una falta de autonomía en los escritores progresistas. ¿Hasta qué punto juegan ellos a no desafiar a su público? ¿Y hasta qué punto se puede desafiar la ideología del lector sin perder capacidad de influencia?

En ese capítulo, uno de los esenciales del libro, abordo dos modalidades de narrativa del siglo XXI que se ha planteado los temas serios de la política e historia española: la de aquellos que cuestionaban que la instauración de la democracia hiciera honor a lo que se habían planteado en la lucha antifranquista -en el caso de Isaac Rosa y en el caso de Belén Golpegui- y la del discurso de legitimación, de normalización política y de oposición a ese discurso radical en torno a la democracia como se configuró a partir de la Transición, en el caso de Cercas. Aquí lo interesante no es solo el debate ideológico, sino analizar cómo se podría haber afrontado esto desde la narrativa. El gran fracaso de estos escritores es que sus formas de narrativa solo sirven para legitimar un discurso que está previamente establecido. Para mí, el discurso literario debe subvertir todas las categorías que el discurso político suele legitimar, ya sea una postura o sea otra, ya sea la normalizadora o la legitimadora, ya sea la radical o la cuestionadora. Yo creo que la literatura es el terreno donde todo esto debe ser cuestionado. Deber ser una apuesta por la incertidumbre y la subversión de las categorías desde las que se habla de lo político en este país, y en el resto del mundo.

Los posmodernos norteamericanos fueron los primeros en plantearse muchas cuestiones, que hoy son globales

Hay momentos puntuales en tu ensayo donde transmites una visión agria sobre España. ¿Qué significa para un escritor que siempre trabaja sobre problemas ideológicos y políticos no identificarse con ningún partido político o línea editorial de su país?

El pasado español y la forma en que ha decidido normalizarse y legitimar su régimen democrático dan a este país unos matices distintos. Hay elementos diferenciales en la historia reciente española y en la cultura reciente como para tenerlos en cuenta y considerarlos diferentes. Escritores como Isaac Rosa o Belén Golpegui o Javier Cercas son producto de la tierra, vamos a decirlo con ironía. Habría que hacerse la pregunta al revés, en vez de preguntarle al escritor por qué no tiene una linea editorial convergente con los partidos o los grupos mediáticos. Lo anormal no es que un escritor marque diferencias, o marque distancias o siga su propio camino. En Estados Unidos el discurso político es igual de vacuo que aquí, con la única diferencia de que nunca se le ocurre a un escritor intervenir directamente en los discursos públicos de un modo tan obvio y tan redundante como en España. Philip Roth puede opinar sobre Bush en la época más conflictiva de su mandato, pero obviamente no lo hace desde los postulados del New York Times. En España, los escritores son invitados a participar en las tribunas políticas en la medida en que el grupo mediático se reconoce en su discurso, y cuando deja de reconocerse, les echan o ellos mismos cambian de medio.

De los españoles hablas mucho en tu ensayo, pero sin duda las lecturas más penetrantes y fascinadas de Mímesis y Simulacro no son sobre españoles, sino sobre los posmodernos norteamericanos, con los que compartes mucho en tu narrativa…

Además de los españoles que has citado, también hablo de Juan Goytisolo, que, sobre todo en su última época, es un posmoderno. Los posmodernos norteamericanos fueron los primeros en plantearse muchas cuestiones, que hoy por son globales, y pueden afectar a cualquier escritor en cualquier país, dentro o fuera de Occidente. Lo posmoderno puso encima de la mesa un discurso no meramente americano o americanizable. Los estadounidenses demostraron que se podían escribir novelas absolutamente innovadoras, incluso revolucionarias desde el punto de vista de la forma, a partir de temas comunes, colectivos, políticos, históricos, que hasta ese momento habían sido excluidos del pulso narrativo. Esto era muy difícil de pensar antes de que ellos lo pusieran en ejercicio. Esas lecciones las hemos aprendido escritores de muy distintos sitios.

Realizamos esta entrevista en un encuentro en Suiza sobre narradores mutantes, que reúne a ponentes de Europa y Estados Unidos. También se anuncian traducciones al francés de Providence, tú última novela, así como de otras obras del grupo. ¿Qué está pasando?

Providence sale en septiembre en francés con un prólogo de Julián Ríos, y Proust Fiction, de Robert Juan Cantavella, y Homo Sampler, de Eloy Fernández Porta, también se publicará en Francia en esas mismas fechas. Se da la coincidencia de que autores de la misma cuerda han suscitado interés en editoriales francesas. ¿A qué se debe esto y a qué se debe este congreso de Lausanne? A que probablemente es mucho más fácil hablar de esos autores hoy desde fuera de España que en España, donde el discurso normalizador y legitimador que se impuso en los 90’, ha hecho que cualquier forma narrativa o intelectual que no encaje, tenga que estar buscando un reconocimiento que no siempre se le va a dar. La publicación de Mutantes intentó demostrar que la narrativa que estaba vigente en aquel momento no era tan válida como decían los discursos oficiales. Luego, cada uno de los autores incluidos han ido publicando obras que han formado un corpus de novelas incuestionables, y que sin embargo siguen pareciendo a mucha gente impertinencias, bromas sin sustancia, frivolidades, que no han afectado para nada al panorama narrativo español, cuando lo han cuestionado donde hay que cuestionarlo, que es en la realidad de la creación. Esto ha ocurrido en un país donde el mercado es muy potente, y encontramos una literatura comercial pujante, contra la cual es difícil enfrentarse, así como una literatura, “más literaria”, que es la que domina y los grandes medios suelen defender, mayoritaria y anodina en general. Curiosamente, tenemos una literatura más transgresora, subversiva o innovadora que no es reconocida en nuestro país como merecería. ¿Por qué? Porque los instrumentos de legitimación literaria están en manos de críticos muy conservadores que prefieren aplaudir el producto que ellos saben reconocer como literario antes que el que desafía sus categorías. No es extraño que el congreso nos haya reunido en Suiza y nos haya reunido en torno a profesores franceses, americanos, suizos, además de españoles. Es quizás lo lógico.

Esta entrada fue publicada el 05/11/2012 a las 10:28 pm. Se guardó como Crítica, Quimera y etiquetado como , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

5 pensamientos en “Conociendo a Juan Francisco Ferré: una entrevista sobre su último libro de ensayos

  1. Pingback: Premio Herralde de Novela para Juan Francisco Ferré > Poemas del Alma

  2. Una entrevista muy interesante. Me la llevo al FB.

  3. Genial, Paz. Saludos

  4. lector en dijo:

    No va con el tema, pero no sabía dónde podría ir. Te sigo hace un tiempo y encuentro tu trabajo interesantísimo,pero esta plataforma extraña que te has montado echa mucho para atrás. Resulta un poco farragosa y cargante, y con una conexión a internet lenta el campo se hace ya impracticable. Humilde anotación, los contenidos de lo mejorcito.

    • Vaya, te agradezco mucho el elogio, y también la crítica. Hasta ahora las opiniones sobre este cambio de cara al blog habían sido buenas, pero sí es cierto que tarda en cargarse (aunque creo que es más por la cantidad de galerías dinámicas de fotos). Quizás una solución sería que no aparecieran tantas fotos en la página principal, y así al menos solucionaría ese problema…

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