Diario Kafka: ¿sensacionalismo a pesar de todo?

El 18 de noviembre escribí a Antonio Orejudo para decirle que me encantaría colaborar en Diario Kafka, el nuevo suplemento cultural que coordina junto Rafael Reig en el periódico El Diario. No fue hasta el día después, el primer día de salida del suplemento, cuando descubrí que habían fichado a Juan Malherido como columnista. Horas más tarde, me entero de que a Carlos González Peón, el autor del blog La medicina de Tongoy, también le han dado una columna. Al margen de mis pretensiones más o menos pertinentes o ilusas de querer colaborar con este periódico, me ha sorprendido esta decisión por parte de un medio que se encabeza con el lema “periodismo a pesar de todo”. Me cabrea como lector que ha pagado una cuota de subcripción -por simpatía ideológica y fe en su defensa del buen periodismo-, que incluyan dos firmas que representan el último grito en crítica de corte sensacionalista y conservador, como Alberto Santamaría argumentó muy bien aquí. Ahora solo falta que fichen a una bloguera llamada Sargento Margaret, para completar la trinidad de villanos que convertiría al Diario Kafka en el primer Qué me dices de la historia literaria. Decenas de miles de visitas aseguradas.

¿Si el lema de El Diario es “periodismo a pesar de todo”, por qué ficha a la flor y nata del sensacionalismo literario?

Dado que he pagado mi subscripción anual de socio, y me he creído la publicidad de este periódico participativo, me veo en el derecho de escribir esta queja y hacerla llegar a la defensora del lector de El Diario para que juzgue por sí misma. Lo que quiero que comprenda es que la inclusión de ambos contradice de forma flagrante el concepto de periodismo que El Diario defiende con tanta convicción desde su lema, y con el que se vende a sus lectores, dado que ambos críticos son ejemplos vivos de sensacionalismo en estado puro. Creo que nadie que los haya leído, incluidos ellos mismos, será capaz de negar esta obviedad. Sin embargo, por si cabe alguna duda sobre cómo ambos han adaptado el amarillismo a la crítica literaria, aquí van algunos argumentos.

El triunfo de Tongoy y Olmos es el triunfo del reality, cuya fórmula se basa en la exposición del sujeto a una manifestación pública de emociones. En este caso, el crítico deja de lado una postura analítica sosegada, y se acoge a la subjetividad para definir la impresión que la obra le ha causado. Se pone así en escena una mini-trama al estilo de los programas rosas, donde un personaje se sienta a recibir las puyas de un grupo de hostigadores profesionales. Así, cuando Tongoy u Olmos atacan, el lector asiste a un espectáculo emocional que es la suma de la reacción visceral del crítico y del impacto que, se infiere, sufrirá la víctima cuando lea el vituperio. El material varía mucho, pero el disfrute viene a ser el mismo que en los programas de la tele; aunque todo cobra apariencia de una discusión retórica, el verdadero material de consumo no es el resultado argumental de esa discusión, sino las emociones que ésta provoca, tanto en el crítico como en su víctima.

Nótese otro paralelismo entre el personaje de Alberto Olmos, Juan Malherido, y la reina indiscutible de la telebasura: Belén Esteban. Ambos comprendieron a la perfección que parte de su show consistía en venderse como material de baja estofa. De ahí las fotos de tías en bolas y las constantes alusiones a su ingente consumo de farlopa que Juan Malherido intercalaba en el mismo cuerpo de sus críticas literarias. La historia de los medios de finales del siglo XX es la historia de la conquista de la esfera pública de los modales y los gustos más chabacanos, si bien en la escena literaria, siempre algo rezagada en lo social, todavía persistían actitudes más remilgadas. Uno de los grandes méritos de Malherido es, precisamente, haber conquistado para el chavacanismo uno de los pocos reductos que le quedaban a los modales y el decoro de la burguesía tradicional. Y aquí algunos confunden el ataque a los modales como un ataque al conservadurismo político, lo que quizás ha contribuido a que un sector importante del Madrid literario tenga a Olmos por una fuerza intelectual subversiva. Pero es que el ataque a los modales nunca fue una cuestión política, sino puramente estética: véase, si no, el documental donde el productor de los Sex Pistols explica el gran montaje que supuso la trayectoria del grupo, y cómo la actitud punk que consistía en dinamitar todo el sistema de represión del comportamiento, tenía una intención comercial. Para mí, la aparición de Tongoy o la no menos encantadora Sargento Margaret, son fruto de esta nueva escena para la zafiedad mediática abierta gracias a pioneros como Olmos.

Como dice Betancur en Amarilla y Roja “la condición revolucionaria” del reality show es exhibir lo que la modernidad había dejado cuidadosamente oculto. (…) Tanto en los reality como en esta crítica kitsch, asistimos a la “dramatización incansable de la búsqueda de la verdad”. Y como la denuncia machacona de la corrupción del mundo que hace el sensacionalismo SÍ es cierta, el lector crédulo concluye que las “verdades” que ofrece como alternativas, también lo son. Así, importa muy poco la falta de argumentos, porque esta denuncia constante de la corrupción ajena, crea en estos sensacionalistas una presunción de incorruptibilidad que aprovechan para hacer juicios sumarios sin molestarse en argumentarlos (por ello pueden poner un libro a caer de un burro sin haberlo leído). Al igual que lo emocional pesa sobre lo racional, el juicio pesa sobre la argumentación; tanto en Olmos como en Tongoy, el juicio sustituye al análisis.

 Malherido ha sido al sarao literario lo que La Noria a la cola de la pescadería

Para generar este show emocional y conseguir la apariencia de seguridad categórica necesaria para convencer a los más crédulos, es necesario subir el voltaje de los insultos, que son, en realidad, el plato estrella del menú, la gran especialidad estilística de ambos críticos. Su originalidad y enrevesamiento en la forma de construir estos sarcasmos alcanzan verdaderos estados de gracia, y conecta con uno de los gustos más arraigados en nuestro país: el escarnio público. Especialmente deliciosa para su público ha sido la cera que Olmos ha dedicado a la aristocracia literaria madrileña, tanto que algunos han vuelto a confundir lo que no son más que bailes de salón con verdaderas acciones contestatarias. Sin embargo, cuanto mayor es la boutade, más cotizada está como material de cotilleo para aliviar el sopor intelectual que impera en la vida social del mundo editorial. Y es que Olmos ha sido al sarao literario lo que La noria a la cola de la pescadería. Para curar el tedio existencialista que domina los encuentros entre semi-desconocidos de los eventos del sector del libro, el comentario sobre Olmos y Tongoy es agua bendita. Además, los dos han hecho de los tejemanejes de este mundillo editorial casi un imaginario, lo cual también los acerca a otra característica de la telebasura, o más bien de la meta-telebasura; el show ya no es hablar de lo malo que es el libro en sí, sino de los chanchullos y malas prácticas que llevaron a que ese libro se pertrechara y legitimara.

Para cerciorarse de lo dicho, la defensora del lector debería acudir directamente a las fuentes para que juzgue sin mediaciones de ningún tipo. Sobre Carlos González Peón, la animo a que lea, para comenzar, el primer artículo que ha publicado en el propio Diario Kafka, y luego continúe por entradas como estas (últimos dos meses, no crea que he rebuscado):

http://lamedicinadetongoy.blogspot.com/2012/11/los-promotables-no-follables-del-bertolo.html

http://lamedicinadetongoy.blogspot.com/2012/11/los-promotables-de-don-claudio.html

http://lamedicinadetongoy.blogspot.com/2012/11/chatarra-de-daniel-ruiz-garcia.html

http://lamedicinadetongoy.blogspot.com/search?updated-max=2012-11-13T00:29:00%2B01:00&max-results=3

http://lamedicinadetongoy.blogspot.com/2012/10/resena-de-una-novela-que-ustedes-nunca.html

Con Alberto Olmos le será más difícil encontrar casos flagrantes, porque se ha eliminado el blog donde pertrechó sus peores travesuras, y que constituía hasta la fecha su mayor legado a la crítica literaria española. Usted que es periodista, averigüe los porqués de esta decisión. Alberto Olmos mantuvo su anonimato el tiempo que le interesó para poder insultar libremente a quien le apetecía desde esa tribuna sin tener que sufrir consecuencias, al igual que Carlos González Peón ha hecho en La medicina de Tongoy. ¿Esa es la clase de bagaje que busca El Diario en sus firmas de opinión?

Por último, aprovecho para felicitar a Antonio Orejudo y Rafael Reig por el resto del Diario Kafka. Espero que el suplemento tenga toda la continuidad posible y que, efectivamente, se convierta en una resistencia a la cultura literaria dominante. Tengo la esperanza de que mi crítica será acogida con la actitud abierta y dialogante que se promete en su presentación, cuando dicen: “Diario Kafka se hará preguntas, pero tú tendrás que buscar las respuestas y hacernos nuevas preguntas. Será una espacio de discusión y conversación”. Encantado pues de lanzarles una de las primeras: ¿Cómo encaja el sensacionalismo agresivo de Tongoy y Olmos con el rigor periodístico que promete El Diario a sus lectores?

Esta entrada fue publicada el 22/11/2012 a las 2:32 pm. Se guardó como Crítica y etiquetado como , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.
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