Recalentando visas. Un viaje por la meseta tibetana.

Un viaje  por la meseta tibetana

 Primer episodio:

Recalentando visas

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Las extensiones agrestes de la altiplanicie tibetana aún carecen de interés para las primeras generaciones urbanas chinas, cuyo pasado rural se halla demasiado cercano como para apreciar la naturaleza más salvaje. En su canon de belleza, aún se aprecia el mismo deseo de racionalización que inspiró los jardines de La Alhambra o Versalles, donde el paisaje queda moldeado en función de una arquitectura. En sus parques naturales, se puede disfrutar de atracciones mecánicas, paseos en cochecitos de golf por pistas de cemento, compras de souvenir, o fotos con reproducciones en fibra de vidrio del Oso Yogui. Pero no, desde luego, del contacto con la naturaleza. No es fácil romper ese cerco, pero esta vez tomaremos un avión de dos horas hacia el salvaje oeste para aterrizar en Lanzhou, desde donde comenzaremos nuestra incursión por la meseta del Tíbet, que abarca parte de las provincias de Yangsu, Shinghai, Sichuan, Yunnan, además del país del mismo nombre, (hoy llamado Región Autónoma). Su mera mención ya evoca una aventura con que la que llevo soñando toda mi vida, en oposición a los tour de force turísticos a los que me ha acostumbrado mi época. Queremos sumergirnos into de wild, escapar hacia lo auténtico. Pero, ¿lo conseguiremos? ¿Es que eso sigue siendo posible?

 El viaje exótico hoy oscila entre dos estilos: Desafío Imposible US Jesús Calleja”

Montaña rusa en el geoparque de Liaoning

Montaña rusa en el geoparque de Liaoning

Como tantos afortunados de mi tiempo, he consumido toneladas de reportajes de viajes en la tele, y he vivido no pocos en mis propias carnes. Y he llegado a la conclusión de que el viaje exótico hoy oscila con gran rapidez entre dos estilos, dos sensibilidades, dos acercamientos que conviven a la vez que se enfrentan: Desafío Imposible US Jesús Calleja. National Geographic US Lonely Planet. Literatura US Internet. El viajero US el Turista. El primero, nos transporta no solo de lugar, sino de tiempo, devolviéndolos a las sensaciones de la conquista del globo por parte del hombre. Nos permite ser intensos, y dar rienda suelta a nuestras emociones, convirtiendo el viaje en una epifanía, un encuentro con lo sublime, un episodio de crecimiento interior, y a la vez, un logro para el colectivo, una exploración en nombre de la humanidad. El segundo, SIMPLEMENTE, ignora lo anterior, y lo reduce a otra actividad típica de la sociedad de consumo. Rápida. Barata. Fácil. Superficial. Inofensiva. Reciclable. Clasista. Rentable. Productiva. Cool. Etc. Sin embargo, pese a que el romántico viva su viaje en constante negación de lo turístico, y el turista en constante negación de lo trascendente, hoy las aventuras se configuran como una mezcla de ambas tonalidades, pese a los esfuerzos que se harán luego por disociarlo en fotografías, revistas o documentales.

Nuestras preparaciones dejan poco lugar al pensamiento mágico que caracterizó la proyección hacia lo exótico del pasado, ahora sustituido por lecturas de notas improvisadas en los foros y fotos en las redes sociales. La democratización del viaje también ha democratizado su mediación. La aristocracia se ha especializado en lenguajes capaces de distinguirles, entre los que ha destacado la sensibilidad romántica que ha dominado el relato viajero hasta ahora, ya sea en forma de documental, de reportaje o de libro. Pero con la irrupción masiva del sentir popular a través de los medios de masas y las redes, la frivolidad posmoderna ha conquistado y hoy domina el relato de lo exótico. Ya sea un campechano profesional como Jesús Calleja, o un mochilero que escribe en Internet, todos presumen de pasearse por lo exótico como Pedro por su casa, y no sentir emociones más potentes que las que procura un acto corriente de consumo. Y en la medida en que el mundo es, sobre todo, un lugar normal, y no exclusivo, y el vivir más similar a la rutina normalizadora que a la sublimación literaria, ¿no es la frivolidad posmoderna más aproximada a cómo viven la realidad del lugar los autóctonos? ¿Y no es la inmersión cultural el Gran Dorado del viajero multicultural? El objetivo de estas crónicas es desentrañar, precisamente, la clase de emociones que surgieron de la constante oscilación entre el romanticismo explorador y la frivolidad turística, durante un zigzag endiablado por las altiplanicies tibetanas.

En el próximo episodio:

Tribu Decathlon: dame un IPhone y moveré el mundo

Esta entrada fue publicada el 03/12/2012 a las 4:04 am. Se guardó como Crónicas y etiquetado como , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Un pensamiento en “Recalentando visas. Un viaje por la meseta tibetana.

  1. Adri en dijo:

    Muy interesantes reflexiones. Es verdad, se ha perdido ese lado romántico del viaje, lo han consumizado todo, si la palabra existe. Siempre nos quedará Alaska? África?

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