Rompiendo el muro (de Facebook)

pink-floyd-the-wallHe cerrado mi perfil en Facebook: ahora tengo una página. He pasado a convertirme en un anunciante, un mero promotor. No tengo amigos, no puedo ver vuestros muros, no puedo hablar por chat, no recibo publicidad de ninguna clase, pero Facebook me dice cuántos sois, cuántos miráis, y cómo puedo comprar vuestros Me gusta con dinero. Mi inferfaz de administrador es limpia, sin toda esa morralla de publicidad, eventos, y páginas sugeridas del perfil que antes sufría, al igual que vosotros; ya no me martirizan pidiéndome más datos, ya no me recuerdan constantemente que falta información para completar mi perfil: me tratan mejor porque saben que, tarde o temprano, me gastaré dinero. Porque, en realidad, Facebook está hecho para mí, el anunciante. Y vosotros no sois los clientes: vosotros sois el género, lo que se vende a anunciantes como yo; si vosotros no sois los clientes, sois lo que Facebook le vende a los clientes. Quizás algún día, cuando todos se hayan ido de Facebook, ya no me hará falta entrar ahí a buscaros para promocionar mis textos, mis libros, mis ideas. Mientras tanto…

Cada vez más mierda

Después de experimentar unos años, has acabado aprendiendo lo que tiene éxito y lo que no en Facebook. Sabes que si pones ocurrencias tendrás visitas y “me gusta”, si pones una foto personal tendrás visitas y “me gusta”; que cualquier cosa con imágenes es más popular; que los estados cortos se celebran más; que hablar de terceros siempre renta más que hablar de uno mismo; que criticar abiertamente dispara el interés. Por otra parte, también has aprendido bien lo que no importa una mierda, lo que nadie celebra, nadie mira, nadie ve. Has aprendido muchas lecciones sobre cómo ser ignorado.

Te asqueaste a ti mismo porque te diste cuenta de que el Facebook literario es promoción en 7 de cada 10 partes: social, intelectual, artística, comercial. A veces, te has cortado de poner un chiste, una reflexión, solo por el estúpido sentimiento de pavoneo que te ha embargado antes de compartirlo. Pero ese pudor no hace Facebook; los pudorosos son los que callan, y los visibles, aquellos espoleados por la necesidad de compartir, algo que en los círculos artísticos tantas veces deriva de la necesidad de aprobación. Narciso ha convertido Facebook en su diván, y la celebración de esos alardes, casi en una obligación; los que no entran en el juego, pasarán por ser gente envarada, que se toma a sí misma demasiado en serio: acabarán relegados por los algoritmos a las catacumbas de la popularidad, fagotizados por la dictadura del ingenio.

En la red siempre ha sido así: nada se celebra más que las ocurrencias. Divierte pero aburre. Ameniza pero cansa. Finalmente, tanta tontería te harta y satura, no porque no te gusten las tonterías, sino porque la densidad de “ingenios”, y “ocurrencias” es abrumadora, precisamente porque tiene éxito. Como toda dictadura, la del ingenio también es de pensamiento único. No permite disidencias.

Y cuando crees que el Aburrimiento no puede ser más aburrido…

Un tsunami de actualidad engulle tu mundo con su marejada de trendic topic; un revolcón que te vapulea a lo largo de un día; y cuanto devuelve a la superficie, te ha dejado el cerebro tan encharcado de (des)información que tú mismo la vomitas, entre espasmos de opinión, desesperado por aferrarte otra vez al borde de la madeja.

¿Qué te ha pasado?

Por definición, tratabas de rehuir los medios donde te asaltaba información no solicitada: no ves televisión con anuncios; no lees revistas sobrecargadas de publicidad; no lees libros sin interés. Pero ahora pierdes tu tiempo desgranado pepitas de oro en medio de la turba de Facebook. Te obligas a rebuscar en un basurero de información algo que merezca la pena. Y eso que usas herramientas para que no te coma la porquería; seleccionas a las personas de las que quieres tener noticias, vetas a las que no; eliminas los avisos, cribas con las listas de mejores amigos y conocidos. Pero tu muro sigue fuera de control. Los contenidos que la empresa te arroja están a años luz de poder ser personalizados.

¿Te acuerdas de cuando la interfaz era cool? Ahora hay una barra de publicidad que ocupa un cuarto de la pantalla, y un chat alargado cuya función es acercar más la barra de publicidad al centro focal. En la bandeja de avisos se multiplican los eventos absurdos, ninguno de los cuales sucede en tu ciudad. En tu muro, los comentarios de tus ¿amigos? Se intercalan con “páginas sugeridas”, anuncios, enlaces promocionados, que se suman al ya de por sí irregular contenido de tus contactos.

Facebook jamás hubiera triunfado con su configuración actual. No solo por la publicidad: son los datos que tratan de sonsacarte a toda cosa para vendérselos a cualquiera, incluidos los servicios secretos. Resulta increíble las pocas bajas en Facebook que se han producido a raíz del destape del espionaje. En el siglo XXI “la verdad” empieza a ser un género muy devaluado cuando versa de hechos consumados. Tú jamás hubieras entrado en Facebook si hubieras sabido que vendería tus datos a la CIA. Sin embargo, ahora lo sabes, y sigues aquí dentro. No, nunca hubieras entrado en Facebook si hubieras sabido que iba a vender tus datos a la CIA. Sin embargo, ahora lo sabes, y ahí sigues.

¿Por qué sigues?

Ah, sí… por eso…

La gran estafa

En algún momento de tu pasado asumiste la necesidad de promocionarte. Te has vuelto adicto a la ilusión de estar de actualidad, de poder reivindicar tus pensamientos, tus artículos, tu opinión en todo momento; no callar nunca. Son perversiones típicas de la sociedad mediática en la que parece que uno no existe si su nombre no es mentado cada día en público. El Facebook es como tu medio de comunicación de andar por casa, el electrodoméstico de confianza para las necesidades rutinarias de difusión.

Esa inmensa cantidad de publicidad y morralla indeseable que te comes ahí dentro se sostiene gracias a que usuarios como tú desarrollan su personalidad en forma de contenido; es como si la página fuera un canal donde los tele-espectadores hicieran los programas que ellos mismos ven para luego tragarse diez minutos de publicidad. Facebook te premia con popularidad dentro de Facebook para que sigas participando con intervenciones atractivas donde intercalar su publicidad, y atraer a más usuarios cuyos datos estadísticos venderán a empresas de zapatillas y agencias de espionaje. Necesitan gente que interese y atraiga, por tanto, promocionan a los que parecen capaces de ganar esa popularidad; su gran descubrimiento empresarial es que esa popularidad “azul” parece suficiente motivación para que los “alfas” sigan produciendo contenidos dentro de Facebook. Pero ser influyente en Facebook no es ser influyente: es solo ser influyente dentro de un programa especializado en fabricar sensación de ser influyente entre aquellos que parecen capaces de mantener a los demás conectados a su sacaleches.

Una mañana después de Facebook

Cualquier fumador se pasa vida saciando con tabaco la ansiedad que le provoca el último cigarrillo. Los usuarios de las redes sociales se enganchan a esa excitación de la interacción trepidante, la popularidad in crescendo, la vertiginosa sensación de tener algo que esperar cada vez que encienden al ordenador o vibra su móvil; sin embargo, la saciedad dura poco y necesita de dosis mayores. El Facebook cura la insatisfacción que provoca el propio Facebook. Así que, cuando cancelas definitivamente tu perfil, el hechizo se desvanece. Para mí, fue como apagar un televisor que llenaba mi cabeza con el ruido blando y la niebla de sus retransmisiones borrosas, y que había estado encendido casi sin interrupción durante cuatro años. El silencio resultante fue  ensordecedor.

En mi nueva página de administrador no puedo ver vuestros muros, no puedo hablar por chat, no recibo publicidad de ninguna clase, pero Facebook me dice cuántos sois, cuántos miráis, y cómo puedo comprar vuestros me gusta con dinero. Ahora dejadme que sueñe con un retorno vintage; la vuelta a un Internet de principios del 2000, con sus blogs, sus foros dirigidos, sus revistas literarias, sus silencios, su lentitud. Dejadme que sueñe con toda esa irrealidad, antes pagar 8 euros a la compañía para meter en los muros de 4000 personas este contenido no solicitado.

Bibliografía:

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/10/131031_eeuu_nsa_espionaje_tecnicas_az.shtml

http://www.abc.es/20121027/medios-redes/abci-facebook-bloguero-anuncios-201210271742.html

http://www.trecebits.com/2013/09/11/facebook-triplica-el-tamano-de-las-fotos-de-los-anuncios/

http://www.papelesdelpsicologo.es/pdf/1503.pdf

Esta entrada fue publicada el 11/11/2013 a las 11:17 am. Se guardó como Crítica, Uncategorized y etiquetado como , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en “Rompiendo el muro (de Facebook)

  1. “Ahora hay una barra de publicidad que ocupa un cuarto de la pantalla, y un chat alargado cuya función es acercar más la barra de publicidad al centro focal.”

    Yo no veo esa barra por ninguna parte, quizás es porque el Addblock me la quita, la verdad es que ni siquiera lo se.

    Por otro lado, me consta que existen las “publicaciones sugeridas” sin embargo, tal y como las describes me ha venido el repentino pensamiento a la cabeza de que estaba siendo infestado por ellas y no me daba ni cuenta. Con esto en mente he hecho un rápido checkeo de las 100 ultimas publicaciones que salen en mi muro de “últimas noticias”, encontrándome con la grata sorpresa de no encontrar ninguna de las diabólicas publicaciones sugeridas. Solo he podido ver cosas que mis contactos(a los que yo he escogido) han compartido, o publicaciones de grupos que yo he mismo he seleccionado como tu bien dices de entre la basura y el caos. Así que si el ratio de publicaciones que me cuela Facebook es de 1 contra más de 100 deseadas no me parece para nada preocupante, cuando se de el caso me bastará con desviar mi atención a las siguientes cien cosas que si me interesan. Quizás esto se deba al addblock también, no tengo claro que pueda controlar las publicaciones de Facebook, diría que no.

    ¿Y en cuanto a mis preciosos y secretos datos que vende Facebook? Pues lo cierto es que si como empresa me intentasen vender datos igual de fiables a los que yo le ofrezco a Facebook jamás los compraría. Tengo amigos en todas partes y estoy relacionándome con ellos constantemente. Hace meses que aparecen las dichosas preguntitas que tu mencionas, porque el algoritmo de Facebook no es capaz de decidir ni siquiera en donde vivo. Y es normal, porque todos mis datos son falsos, lo más seguro que es esté consiguiendo engordar las estadísticas de hombres de 40 años que disfrutan del anime y estudian en la universidad. Y para que esto siga siendo así, estas preguntas simplemente las cierro.

    Con todo esto no quiero llegar a que esté completamente en contra de lo que reivindicas, obviamente las redes sociales han llegado a ocupar un puesto en nuestras vidas con una importancia desmesurada. Y efectivamente, los motivos de los que manejan estas redes, y sobre todo Facebook no es más que mercadear con nosotros. Sin embargo, nosotros tenemos herramientas para evitarlo, o por lo menos para que ello nos afecte lo menos posible. Por lo menos este es el punto de vista que queria aportar, el mio, que en principio es mucho menos fatalista y espeluznante que el tuyo.

    Pero supongo que con los años que llevas en estas redes, y el conocimiento que has acumulado ya sabrás que son los puntos de vista fatalistas y espeluznantes los que tienen calado en las redes sociales. Y no hay nada que pueda demostrarlo mejor que el hecho de que llegué aquí por que tu artículo ha sido compartido por uno de mis contactos de Facebook.

    Un saludo.

    • Hola Bleeker, muchas gracias por tu comentario. Mi texto quiere ser más una reflexión literaria que un análisis objetivo. Intento exagerar (de ahí lo literario) una reacción que me ha llevado a cerrar mi perfil. Pero sí creo que hay fundamentos racionales para cerrar ahora los perfiles de Facebook. Por eso he incluido algunos links a noticias y artículos, donde explica con objetividad lo que yo he querido plasmar de un modo más narrativo. Eso sí; no quiero defender ninguna “moral”, hasta el punto de que me he permitido, por primera vez en mi vida, pagar para promocionar este contenido en Facebook, intentado darle un sentido irónico al gesto. Claro, Facebook ha detenido la promoción.🙂 en cuanto la ha revisado: una decisión predecible que también suma sentido a este post.

      Veo que utilizas un programa para omitir la publicidad, que introduces pocos datos personales y nada fiables. Pero entonces, ¿no sería más lógico que usáramos una red que no tuviéramos que trampear, a la que no tuviéramos que engañar, en la que pudiéramos confiar? Facebook solo es una empresa; una empresa que cada vez trata peor a sus usuarios, hasta el punto de obligarlos a tomar tantas precauciones y trucos como a ti te toca hacer. Cuando una compañía baja su servicio y encima me engaña, simplemente, cambio de compañía, ya sea un banco, un súper mercado o una red social. En este caso, lo que he cambiado es de bando, porque creo que Facebook sigue una excelente empresa para los promotores, precisamente, porque cada vez es peor para los usuarios.

      Sobre si te llega o no publicidad; piensa que tu amigo quizás picó en mi publicación “sugerida”, convirtiendo mi difusión pagada en lo que llaman difusión “orgánica”, es decir, difusión espontánea de los usuarios. O quizás no, pero, si la publicidad en Facebook no fuera a más, sus ingresos en publicidad no habrían subido un 61% este año; las imágenes de sus anuncios no hubieran triplicado su tamaño este año (cito datos de los artículos); si las páginas sugeridas no tuvieran incidencia en los muros, mi post no hubiera tenido un 400% más de visitas que si no lo hubiera promocionado, y eso que lo han cortado en pocas horas. En diez horas, se ha colado en el muro de 3400 personas que no tienen nada que ver conmigo, dado que mi alcance orgánico (es decir, el número de personas afiliadas voluntariamente a mi página) es solo de 470.

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