El universo según Laura

FeetEl misterio es un agujero. Y no hablo de cualquier misterio. El misterio con mayúsculas es un agujero.
En el pie de Laura había un agujero. Y a través de ese agujero se veía el universo.

“Se verá el universo, doctor, y todo lo que usted quiera”, dijo Laura, “pero yo he venido a curármelo.”

“Plantéeselo señorita. Al menos debería darle la oportunidad al mundo de echar una ojeada antes…”

Y Laura, de naturaleza amable, accedió. ¡Y menuda romería se montó!

Políticos, astrónomos y hasta estrellas del rock,
cuando lo veían se admiraban “es verdad que se ve el universo, qué maravilla”
Laura, de naturaleza amable, consentía. Y luego a sus amigos decía: “Qué hartura de gente. ¡Que me lo curen ya que voy como una paticoja!”

Un día decidió esforzarse en mirar aquello que todos querían mirar.
Efectivamente ahí estaba el universo.
Todo lo habido y por haber, en ese pequeño agujerito.
Así que Laura se lanzó y dijo:
“A ver, listillo, tú que tanto sabes, ¿qué me deparará el futuro?”
“En el futuro serás de papel, de palabras, de bits” respondió el universo.
“Anda qué misterioso el tío”, dijo Laura. Y como era de naturaleza amable ese día no siguió preguntado, sino que le cambió la gasa, lo desinfectó, y hasta le hizo una caricia de buenas noches.

“Ay agujerito qué guerra me das. ¡Y mañana vienen más políticos!

Cada vez más gente hacía fila. La gente más importante del mundo venía solo para eso. Era divertido ver a todos esos millonarios esperando a que Laura saliera del trabajo y llegara a casa. Todos querían lo mismo: querían ver el universo. Y como Laura tenía buen carácter pues le echaba paciencia.

Una noche Laura dijo “ya está bien, dame una respuesta”.
“¿Sobre qué?” dijo el universo.
“¡No sé, sobre lo que sea! Que me tienes aquí cojita y a todos les desvelas algo grandioso y a mí sólo me dices tonterías. Venga, dame la clave”.
“¿De qué?”
“Pues de la vida, alma de cántaro, ¿de qué va a ser? ¿No es en lo que estamos todos?”
“De acuerdo”, dijo el agujerito, con tono de poca convicción. “La rosa es roja y la violeta azul… no sé qué no sé cuántos… de qué color eres tu?”

Laura, de naturaleza amable, no se lo podía creer. “¿Será posible el agujerito este? Además de inoportuno, ¡descarado y truhán!”

Aquella misma noche fue al médico a que le dieran unos puntos.
“Mire que ya no se va a ver el universo,” le dijo la residente que sustituía a su médico de cabecera.
“Eso ya está muy visto y no es para tanto. Cosa, cosa.”

Hoy Laura tiene una cicatriz en el pie. Y quienes la han visto sostienen que su trayectoria guarda un parecido casi idéntico con la Vía Láctea.

Esta entrada fue publicada el 26/05/2014 a las 3:20 am. Se guardó como literatura, Relatos, Uncategorized y etiquetado como , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: