Dos escritores frente al rey: Javier Cercas y Manuel Vilas

image(1)“La lluvia” es una de las lecturas del curso de literatura española que imparto en la universidad de Pekín donde trabajo. Se trata de un poema de Manuel Vilas que narra la boda de los príncipes según se ve desde la tele de un bar del extrarradio. Por pura coincidencia, lo estudiamos un día después de que se anunciara la abdicación de Juan Carlos I, así que quise llevar también algún artículo sobre la noticia. Me decidí por un texto de Javier Cercas aparecido en El País de esa misma mañana.

Comencé explicándoles por qué Vilas arranca su poema sobre la boda real hablando de los hoteles en España. El turismo, al igual que el Rey, fue una solución franquista, y juntos conforman el paisaje inalterado de los últimos cincuenta años de la vida de mi país. Pero sobre todo, les hablo del narrador que se nos aclara al final:

Y nosotros bebiendo en el Actur, al lado de las grúas y del
Hipercor,
Felices de que nos dejen beber este vino
frío en una copa medio limpia, felices
de poder pagar este vino y dos más.

Fijaos, les digo; solo quien considera que la libertad es un regalo de sus amos, puede sentirse agradecido por que le dejen beberse una copa de vino. Un hombre que se siente libre, no considera la libertad un regalo, sino un derecho. Quien nos habla, les digo, no se siente ciudadano, se siente un súbdito.

Si Cercas no es monárquico, ¿a qué viene esta defensa de un pasado glorioso de la monarquía justo el día que todos los españoles se plantean su futuro?

Las dos horas restantes de clase las gastaría explicando el enorme lío de la política española del último medio siglo, así que apenas pude presentar del artículo de Javier Cercas. Como me quedé con las ganas de comentarlo más en profundidad, al volver casa me senté delante del ordenador y escribí lo que sigue.

Javier Cercas y Manuel Vilas coinciden en el año de su nacimiento: 1962. Los dos se sitúan como protagonistas de sus narraciones, y ambos han convertido España en el tema fundamental de su narrativa. Aquí acaban las similitudes.

La escritura de Cercas se enfoca hacia la revisión de las versiones históricas que conforman nuestra memoria nacional; la literatura, en sus manos, adopta una misión de esclarecer la verdad. Lucha, pues, en la arena de la vida pública, la política real, las misiones institucionales y oficiosas, codo a codo con historiadores, sociólogos, periodistas, economistas, políticos, periódicos, instituciones, agencias y empresas varias que bregan por establecer una versión de los hechos que se acepte colectivamente. Es una escritura del poder, al menos, de todo el poder al que puede optar la escritura, que es el de afectar a los discursos que condicionan nuestras decisiones.

Javier Cercas ha gozado de un importante éxito por su calidad literaria, y porque las tesis que defiende su pluma armonizan con las versiones que el PSOE y sus poderes afines han luchado por instaurar. Es normal que su escritura se haya visto promocionada por parte de estos poderes, a quienes sirve para legitimar su programa a través del prestigio que ofrece su literatura de calidad.

No sorprende, por tanto, que el artículo que Javier Cercas firma en la edición especial de El País dedicada a la abdicación del Rey muestre su sintonía con las posiciones de la dirección del PSOE y sus aliados mediáticos. Se titula “Sin el rey no habría democracia”, y sus titulares podrían resumirse con las siguientes citas: “sin el rey quizás no hubiera habido democracia”; “lo indudable es que el rey paró el golpe (del 23F), y parándolo salvó la democracia”. Y tras aclararnos que no se considera monárquico, continua “el dilema real de este país no es el que obliga a elegir entre monarquía y república, sino el que obliga a elegir entre mejor o peor democracia” y “no hay duda de que la Transición fue un apaño, pero hay que estar loco para no preferir mil veces ese apaño al ominoso conflicto civil que el mundo entero auguraba para nuestro país a la salida de la dictadura”; “ignorar que los casi 40 años de reinado de Juan Carlos I han sido los mejores de nuestra historia moderna (…) es simplemente ignorar nuestra historia moderna”.

Manuel Vilas podría tener el mismo papel en la definición histórica de Juan Carlos I que Lewis Carroll respecto a la época victoriana.

Aquí lo interesante, les diría a mis alumnos, no es juzgar la opinión de Cercas sobre el reinado de Juan Carlos I, sino su contexto de aparición, en un día en que la mayoría de los españoles han rastreado los medios para formarse una opinión sobre la abdicación y su significado para el futuro. El debate sobre la continuidad de la corona está hoy en la cabeza de todos mis compatriotas y más entre los lectores de tendencia republicana, tan abundantes entre la gente que lee su periódico. Entonces ¿cómo responde el texto de Cercas a esas preguntas? Pues con la misma técnica que usa en sus novelas: tratando de afectar al presente a través de su particular revisión del pasado.

Sin embargo, los sobreentendidos de su artículo carecen de lógica: el hecho de que Juan Carlos I fuera beneficioso para la democracia no garantiza en modo alguno que la continuidad de la monarquía a través de su hijo lo sea. El hecho de que su reinado coincida con la época más próspera de España no lo convierte a él, un dirigente honorífico sin poder ejecutivo, en el gran responsable. El hecho de que el rey salvara la democracia el 23F es irrelevante para conceder a la hija de Leticia Ortiz la oportunidad de convertirse en la jefa del ejército español. El hecho de que España tenga que resolver problemas económicos graves no significa que no deba ocuparse a la vez de la profunda crisis de su modelo constitucional. Si Cercas no es monárquico, ¿a qué viene esta defensa de un pasado glorioso de la monarquía justo el día que todos los españoles se plantean su futuro? A las grandes figuras las construyen las extraordinarias circunstancias que envuelven sus trayectorias. Si Juan Carlos I se desveló como un demócrata progresista, rompiendo las expectativas, sería porque tuvo la oportunidad de hacerlo. Dada nuestra actual coyuntura nacional, el único extraordinario servicio a la democracia que le queda hacer a Felipe VI es promover una consulta popular sobre la continuidad de la Corona tal y como está recogida en nuestras leyes.

En mi humilde opinión,  Cercas es un escritor que ha aprendido a bailar sin pisar las líneas rojas marcadas por la maquinaria político-empresarial que lo apadrina. Nadie en España puede ganar posiciones influyentes a menos que demuestre lealtad al sistema que lo ha promocionado. Por eso defiende al rey el día que hay que hablar del príncipe, y se guarda las espaldas con sus reservas sobre la Transición y la Monarquía, para al final insinuar (solo insinuar) que mejor lo malo conocido. Mi sensación es que Javier Cercas ha dejado de escribir como un ciudadano, y ya opina desde el balcón, no desde la plaza.

image(4)

A estas alturas, posiblemente mis alumnos ya estuvieran alucinando con el enrevesamiento del asunto. No es fácil comprender un país, les diría, pero si uno se pone a comprenderlo a fondo, hay que enfrentarse a delirios semejantes. Y por si fuera poco lío, ha llegado el momento de volver a Manuel Vilas.

“Lluvia”, el poema comentado en clase, solo es una muestra de la literatura que Vilas ha dedicado a Juan Carlos I, a quien ha convertido en todo un personaje de su universo literario. El Rey de su literatura es una fantasía, y como toda fantasía, se encuentra al servicio de quien fantasea con ella. Para Manuel Vilas bucear en la realidad no es dedicarse a documentaciones exhaustivas sino a descubrir los paisajes y criaturas que la vida ha ido generando en su mundo interior.

¿Cómo puede influir la escritura de Manuel Vilas en el debate en torno a la abdicación? Desde luego, nunca del mismo modo que Javier Cercas. Simplemente, no hay forma de que el discurso activista, institucional, partidista o editorial pueda acogerse a las verdades poéticas que nos arrojan sus textos. No hay aprovechamiento posible de los textos de Vilas para el debate serio, circunspecto, que adoptan las columnas de opinión que aspirar a influir a las altas esferas, y compiten por el rigor de su lenguaje, formalidad y aspiraciones con los discursos oficiales, tratando de trastocarlos y a la vez confundirse con ellos. Manuel Vilas podría tener el mismo papel en la definición histórica de Juan Carlos I que Lewis Carroll de la época victoriana.

Además, él tampoco chilla para intentar cambiar el mundo; a lo más, como el personaje de su poema, se siente feliz de poder elevar lo cotidiano a categoría de poesía, y después tomarse otro vino, uno que lo libre de implicarse con cualquier clase de activismo, y de adoptar actitudes militantes como las que sin duda guían el espíritu combativo de Cercas. Mi sensación es que Vilas tampoco habla desde la plaza, (ni, por supuesto, desde el balcón); habla desde la cafetería.

Llegados a este punto, algún alumno (siempre lo hacen cuando trato temas delicados), me diría: profesor, ¿y usted qué opina? Me tendría que morder la lengua, para no decir, querido, llevo dos horas opinando. En vez de eso, usaría la escusa de siempre: ya no nos queda tiempo. El tiempo siempre nos pasa por encima a los humanistas. Y mientras tanto, el reinado de Felipe VI ha comenzado.

Esta entrada fue publicada el 04/06/2014 a las 6:10 am. Se guardó como Crítica, Uncategorized y etiquetado como , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

8 pensamientos en “Dos escritores frente al rey: Javier Cercas y Manuel Vilas

  1. Francisco Cerén en dijo:

    Muy interesante este artículo, y la crítica a Cercas sobre todo, lo más enjundioso. Creo que ha faltado incidir más en la argumentación en contra, y creo que Vilas, por lo que dices, no lo he leído, da más de sí, al menos con mi sentir (en la cafetería) y el de muchos. Comparto en Facebook.

    • Gracias por la lectura. Siempre tengo miedo de hacer textos demasiado largos en Internet, pero es verdad que haría falta más profundidad en la crítica. Manuel Vilas tiene dos libros que a mí me parecen extraordinarios: España y Calor.

  2. García en dijo:

    Interesante artículo!
    No conocía a Manuel Vilas, pero después de leer este artículo me ha creado interés. En cambio a Javier Cercas le sigo desde hace tiempo, por sus artículos en el País y por sus libros.
    El articulo de Cercas al que haces referencia en el blog no dice nada nuevo con respecto a su opinión de la monarquía, es muy similar a otro que escribió hace tiempo. Por otro lado, en la parte que hace referencia al golpe de estado, después de haber escrito “Anatomía de un instante” creo que puede opinar con criterio sobre el 23F, libro que recomiendo a todo el mundo, en el que creo que enfoca de una manera diferente el golpe de estado.
    Independientemente de lo que escriba Cercas, Vilas o usted mismo y de lo que opine la clase política del signo que sea, yo tengo mi propia opinión al respecto de la monarquía. Me considero una persona de izquierdas,en principio mucho más cercana a la república. Pero en el momento actual en el que vivimos, en el que la clase política nos ha demostrado su ineptitud para dirigir un país y su habilidad para chanchullear, robar y tomarnos el pelo; sinceramente, prefiero tener de Jefe del Estado a un Rey, en el que nos hemos gastado mucho dinero en una exquisita formación, que a un mindundi que no sepa hablar en público y mucho menos si es en otro idioma, que solamente esté pendiente de poner la mano por detrás.

  3. García en dijo:

    http://elpais.com/elpais/2013/05/23/eps/1369305172_739290.html

    Este es el artículo de Javier Cercas al que hacía referencia antes, es de mayo de 2013, justo de hace un año.

  4. Gracias a usted por la lectura y la importante aportación. Ciertamente, Javier Cercas no ha cambiado de opinión. Ahora bien; su artículo de 2013 me provoca las mismas reservas; no solo porque me parece excesivamente apegado a la doctrina oficiosa de los partidos mayoritarios, sino porque no entiendo su lógica, y creo que no la entiendo porque es errónea. Habla de republicanos sentimentales y monárquicos instrumentales. Pero, ¿por qué no habla de republicanos instrumentales? La caricatura del nostálgico que hondea con idealismo la bandera tricolor le viene muy para caricaturizar a los que queremos acabar con la monarquía, pero eso solo eso, una caricatura para volver burdas aspiraciones tan serias, responsables y trascendentes como las de su “monárquico instrumental”.

    No deja de hacerme gracia el tic típico del columnismo de El País (otro calco del discurso del PSOE, otro vaso comunicante), donde parece que todos tenemos que dar tres pasos atrás y santiguarnos del susto cuando nos mentan que algo es “muy de derechas”, o es “hacerle el juego a la derecha”, o “darle la razón a la derecha”: dice que querer quitar al rey significa aceptar que debemos nuestra democracia al franquismo, mientras que aceptar el rey significaría que aceptamos que nuestra democracia es hija de la segunda república, una herencia mucho más llevadera. No creo que haya que ser Bertrand Rusell para recaer en los estrictos fallos de lógica que tiene toda la argumentación. ¿Debemos aceptar al rey porque así estaremos celebrando que el diseño de nuestra democracia no fue fruto del buen hacer franquista sino de una copia de la segunda república? Dado que somos repúblicanos, ¿estaremos felices de pensar que si nuestra democracia es hija de la segunda república, y el rey forma parte de nuestra democracia, entonces estamos viviendo el sueño hecho realidad de no deberle la monarquía al Régimen? Sí, es un galimatías, pero es el galimatías de Cercas, no el mío (si no, lean el artículo linekado).

    A los “republicanos instrumentales” nos importa muy poco la segunda república. Y nos importa menos que unos tipos de ultraderecha se sientan muy felices por pensar que inventaron la democracia, precisamente porque si nos importara (como parece que le importa a Cercas), seríamos exactamente unos sentimentales, unos pasionales. La paradoja es que quizás los más republicanos hoy seamos los que sufrimos como nadie la parte más real, material y pragmática de nuestro fracaso democrático. Y si somos republicanos es precisamente porque no nos podemos permitir el lujo de no serlo.

    • García en dijo:

      Gracias por su contestación, me parece muy interesante su enfoque sobre los artículos y en varias reflexiones coincido con usted. Desde luego , los artículos de Cercas están focalizado a la conclusión que él quiere sacar, pero ¿qué son si no los artículos de opinión? Su reflexión acerca de ellos es muy loable, como de la misma manera lo es la del Sr. Cercas acerca de la monarquía.Con respecto a su reflexión, “quizás los más republicanos hoy seamos los jóvenes” no llego a comprender porqué lo plantea como una paradoja.
      Por otra parte creo que hay gente que siendo de izquierdas y estando muy lejos de la ideología del PSOE no acaba de ver el sentido de la república en este momento. Ahora estoy hablando en primera persona y creo que tengo un perfil mucho más cercano al suyo que al de Javier Cercas y ya que usted hace una comparativa Cercas- Vila me tomo la licencia dedecir que me acerco generacionalmente a usted:
      Nací en el 86, tuve que emigrar una temporada hace un par de años para buscarme la vida y actualmente trabajo con un tercio de jornada en un Hospital público de la Comunidad de Madrid, con unas condiciones laborales con las que muchos jóvenes de hoy en día se podrían identificar. Y egoistamente pienso ¿qué cambiaría en mi vida, en la de la gente que me rodea, en la gente que está viviendo en una situación parecida a mi entorno y en toda la gente de este país, que el jefe de estado no fuera un rey?

      • De nuevo gracias a usted por compartir sus puntos de vista. En mi humilde opinion, es muy posible que su vida cambie poco con una república. Pero su vida sí está condicionada por el continuismo de un régimen que hay que ir derribando ladrillo a ladrillo. Si como dice Cercas la Transición fue un apaño, habrá que irlo enmendando. Hay una inmensidad de factores que deben transformarse en nuestro sistema, ninguno de los cuales, por si sólo, marcará una diferencia en su vida; sí lo hace el conjunto, que hay que atacar paso a paso. La erradicación de la monarquía es un paso natural de una nación moderna hacia su futuro. Como mínimo, tendrían que preguntarnos si queremos dar ese paso. Quizás no tener monarquía no cambie su vida, pero que en este país se pusiera una decisión así en manos del pueblo, y no de la clase política dirigente, sí que marcaría una diferencia.

  5. García en dijo:

    Creo que no me expliqué antes con mucha claridad, no es que no me importe la vida política de este país, todo lo contrario, creo firmemente que hay que participar activamente en ella.Solo que, en concreto, no creo que el cambio de república a monarquía no creo que cambien nada.
    Por supuesto creo que la constitución se ha quedado obsoleta y no comparto la manía, de los grandes partidos políticos sobretodo, de pensar que la constitución es inamovible; pero desde luego la desaparición de la monarquía parlamentaría no sería el primero ni el segundo cambio que yo realizaría en ella.

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