En qué se parece correr a esnifar cocaína

HellRun-2008Mucha gente me ha escrito en las últimas semanas preguntándome por qué aún no había dedicado un post al consumo de cocaína y el running como propósitos de año nuevo. Así que decidí gastar tiempo de mis vacaciones a investigar el tema, y confieso haber encontrado resultados bastante chocantes. En primer lugar, parece que esnifar cocaína, o snorting como se empeñan en llamarlo algunos, nunca ha sido contemplado como deporte por el Comité Olímpico Internacional ni por ninguna de las federaciones que regulan las actividades deportivas a nivel nacional. Asimismo, el running no figura como droga en los listados de la UNODC (United Nations Office on Drugs and Crime), y tampoco está así reconocido por nuestro Ministerio de Sanidad. Por tanto, ni la venta de zapatillas y demás complementos ni su consumo en la vía pública se ven perseguidos por las autoridades, lo que explica por qué hoy decenas de miles de adultos se muestran corriendo sin problemas por los parques de toda España.

Por lo tanto, deberíamos señalar esta diferencia de tratamiento legal e institucional como primera discrepancia entre ambas actividades. Así, el running ha visto florecer toda una industria de consumo donde, además de pulsómetros y ropa deportiva, surgen publicaciones especializadas como Runner´s World y páginas web como Foro Atletismo donde los corredores pueden encontrar todos los consejos necesarios para convertir su primitiva actividad en toda una sofisticada tendencia y casi un modo de vida. Sin embargo, en ninguna publicación podremos informarnos convenientemente de las mejores añadas de los cultivos de coca, entre otras cosas, debido a las conocidas reticencias de los narcotraficantes a implantar un sistema adecuado de denominaciones de origen. Así, sin tiendas especializadas, ni clubs, ni publicaciones con secciones como “Navidad: decora tu comida con rayas”, o “Siete formas de enfrentarse al ingreso en prisión de tu camello”, esnifar cocaina continúa siendo una actividad tan falta de un mundo propio y nuevos consumibles como lo había sido el running hasta su explosión en los años ochenta y su repunte en la última década.

Con prohibición o no, ambas actividades parecen sufrir tendencias dispares de popularidad en el mundo y nuestro país. Según la UNODC, el abasto mundial de cocaína disminuyó junto con la producción de la misma de 2007 a 2012, y aunque su consumo siguió siendo alto en América del Norte, ha estado a la baja desde 2006. Sin embargo, el Observatorio Europeo de las Drogas coloca a España como el principal consumidor de cocaína del mundo, con un prometedor 3,6% de población joven que dice haber consumido esta droga durante el último año. Por suerte o por desgracia, la tendencia al running tampoco ha hecho más que aumentar tanto en EEUU como en España según los indicativos. De acuerdo con la NSGA, en Estados Unidos los inscritos a carreras populares se incrementaron en un 70% desde 2004, mientras que en nuestro país se vendieron en 2013 2,2 millones de zapatillas de deporte frente a las 400,000 de 2004. Entonces, ¿qué hacer para promover y a la par evitar estas prácticas sociales tan asentadas? ¿Cómo legislar para frenar su declive y a la vez fomentar su aumento?

Mientras la sociedad se enfrenta a esta disyuntiva, los casos de muerte súbita en el running y el snorting siguen sucediéndose entre los jóvenes, incrementándose en nuestro país un 3% debido al consumo de cocaína, mientras que en las carreras populares españolas se ha estabilizado la estadística en una media de una muerte cada dos meses en franjas que oscilan entre los 29 y los 45 años. Los expertos señalan una mala predisposición genética o un mal entrenamiento como causa principal de las paradas cardio-respiratorias entre jóvenes activos, por lo que se recomienda que aquellos que participen en maratones, ya sea de rayas o de correr, se realicen un chequeo médico básico para detectar problemas cardiacos previos, y realicen un entrenamiento gradual con pequeñas dosis. Con todo, la alarmante mortandad no debería estigmatizar estas actividades; médicos especialistas señalan que “un maratón no es un evento saludable pero entrenar para correrlo promueve un estilo de vida que sí lo es. Por cada muerte sucedida en un maratón, puede haber miles de corredores que han retrasado o evitado una enfermedad cardiaca”. Sin embargo, mientras muchas organizaciones de maratones ya solicitan a sus participantes un informe médico positivo, en ninguna discoteca de polígono o poblado de droga se han planteado todavía realizar estos chequeos, con el consiguiente riesgo para los miles de cocainómanos que eligen acudir a estos puntos para su ocio.

Sin embargo, el mundo de la cocaína sí parece más avanzado que el del running en todo lo referente a la lucha contra su dependencia, con programas de la seguridad social, clínicas privadas y especialistas que llevan años ayudando a los adictos dentro y fuera de nuestro país. De hecho, el running sigue fuera de las catalogaciones de adicciones en los manuales de diagnóstico clínico, pese a que los primeros estudios de Morgan o Baekeland demostraron el desarrollo de dependencias y trastornos provocados por interrupciones de la actividad deportiva ya en la década de los 70. Por desgracia, ciertas ideas muy arraigadas en su comunidad no invitan a pensar que esto vaya a cambiar en un futuro cercano, como demuestran las declaraciones de Dan S. Tundsall, director médico del maratón de Londres: “prohibir a algunos runners que compitan puede evitar muertes pero estigmatizará una actividad esencialmente segura, provocando más daño que beneficio”.

Ante un tema tan abierto y en constante evolución, quizás las conclusiones más valiosas vengan de quienes conocen bien ambas realidades de primera mano. Sírvanos de colofón la opinión de Susana Almuercas, presidenta de FECMAC (Federación Española de Corredores de Maratón Amantes de la Cocaína): “lo importante es encontrarse muy, muy bien, muy muy bien, ¿sabes? El cuerpo está para usarlo. Además el ser humano siempre ha querido explorar sus límites, y forma parte de su naturaleza retarse a forzar su organismo al máximo. Claro que tenemos miedo de rompernos, sobre todo después de muchas horas sin parar, cuando sientes esos pinchazos en el pecho, se te nubla la vista y sufres apagones cerebrales mientras tratas de no caerte redondo al suelo, y luego a la mañana siguiente la cabeza parece que te explota por la deshidratación. (…) Pero si no fuera por ese entreno o esa esnifada cada día después del curro no sé cómo podría vivir. (…) En la FECMAC, además, siempre promovemos que nuestras actividades se realicen en grupo, fomentando la socialización y la integración con la vida familiar a través de ellas”.

Esta entrada se publicó el 30/12/2014 en 7:40 am y se archivó dentro de Relatos. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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