La vida de los clones

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Aristas Martínez, 2017

En un mundo muy parecido al nuestro, la humanidad creó seres de fantasía para amarlos y divertirse con ellos. Esta historia comienza cuando se les concede la libertad. Prima, una extravagante mascota que vivía confortablemente en Wonderland, el paraíso privado de una megaestrella del pop, se ve empujada a abandonar su hogar tras la repentina muerte de su mentor. Será enviada a Pekín, lejos de los familiares que pelean por su herencia.

Allí conoce a Pailulu (una excéntrica clon manga), Celsius Warrior (un castor Disney con ínfulas de mesías) y Pac-0 (un humano obsesionado con ser padre), con quienes forma una histriónica banda de música electrónica. Juntos se enfrentarán a la crisis derivada de la colisión del mundo humano con el clon. El desconcierto ante su recién hallada libertad, sumado a una situación política cada vez más desfavorable, ofrece a los clones pocas perspectivas de futuro: servir como atracción turística, vivir de la mendicidad o emigrar a Burmodia, un estado fallido del sudeste asiático donde las mascotas mágicas encuentran su paraíso o su infierno.

En ese contexto nace El Rapsoda Ciego, una oscura empresa de manufacturas bajo la que se esconde el verdadero signo de una inminente revolución clon. La vida de los clones parte de una única premisa fantástica que afecta a una realidad, por lo demás, idéntica al mundo de finales del siglo xx, y la usa como técnica de extrañamiento para llamar la atención sobre aspectos de nuestro presente que hemos asimilado irreflexivamente. Así, las mascotas se convierten en un personaje múltiple que aglutina la experiencia excluyente que soportan las minorías culturales. Y todo para seguir ahondando en el gran tema de la mejor ciencia ficción: la relación entre lo natural y lo artificial.

Me gusta pensar que he escrito una novela de auto ciencia ficción, pues La vida de los clones se puede ver como una literalización fantástica de mi propia experiencia y la de mis íntimos amigos como expatriados en Pekín durante cinco años, y como viajeros por ese territorio asiático donde el paraíso y la pesadilla se dan de la mano: China, Tailandia, Birmania y Camboya. Se trata de una obra escrita desde el compromiso más visceral con las emociones y vidas de sus personajes; de su deseo de ser padres en condiciones muy hostiles, a sus conflictos con las identidades colectivas y relación con las utopías que aspiran a colmar sus necesidades. Mi objetivo era lograr una ficción intensa y ágil, con un estilo y profundidad filosófica capaces de satisfacer al lector literario, pero también con arco narrativo, tensión dramática y construcción de personajes propios de la ficción de entretenimiento. Me sentía inclinado a ello porque yo mismo, como consumidor de historias, me sitúo en ese equilibrio.

Miguel Espigado

Otros han dicho…

Los artistas del expresionismo pop han elevado a tópico pictórico la perversión de adorables iconos de infancia —peluches, mascotas, dibujos animados— en entornos enrarecidos y hostiles. Miguel Espigado lanza al mundo exterior a una criatura que vivía en el ¿edénico? Wonderland de Michael Jackson para plantear preguntas sobre la exclusión de las minorías y los modos de gestionar nuestra relación con lo artificial.

Jordi Costa, en El País

 

Miguel Espigado ha volcado en los clones todas las atrocidades que a lo largo de la Historia se han cometido (y aún se cometen en la actualidad) contra colectivos oprimidos como pueden ser esclavos, colectivo LGTBI, indigentes, judíos, mujeres y un larguísimo etcétera… sin olvidar a los animales, que no por pertenecer a otra especie son menos seres vivos que los humanos.

En la realidad paralela que observamos en “La vida de los clones”, la sociedad capitalista ha dado lugar a la creación de criaturas de fantasía, como podrían ser los llamativos peluches de cualquier juguetería infantil a los que se les haya insuflado vida para el goce y disfrute de los humanos. La creación de esta nueva raza da lugar a una amplia problemática que no vamos a desvelar aquí, y a la reacción del ser humano ante esta situación. Milenios de crueldad documentada bien pueden servir como prueba para imaginar cómo sería la respuesta humana en estas circunstancias. Si una de las capacidades del historiador es pronosticar acontecimientos en el futuro basados en la experiencia del pasado, la del literato bien puede ser profetizar aquellas que se den en escenarios imaginados (que, por otro lado, no son más que metafóricos y aplicables por tanto a realidades conocidas).

A nivel técnico, hay que reconocer que la novela es una virguería. No sólo mantiene y defiende sin lagunas una sociedad paralela inventada, poblada por unas criaturas de lo más extravagantes, sino que la redacción es impecable y denota un gran conocimiento de la vida en las grandes ciudades chinas, que es donde se basan los escenarios de la novela.

Mar Sánchez, en Mar de Letras

 

En ‘La vida de los clones’, la respuesta a ese genocidio será la de una figura con cierto aire populista que llevará a estas criaturas a organizarse con negocios muy oscuros y en los que el dinero será “su única patria”. “Esto también tiene que ver con lo que ocurre hoy en día, donde los ricos actualmente han demostrado que la única patria es el capital y ya no responden ante nada ni ante nadie”, ha aseverado. En este sentido, Espigado plantea en su novela que una revolución popular podría tener sentido “no teniendo una raíz geográfica sino económica”. “En definitiva, que el pueblo decidiera hacer de un fondo de capital su patria y defenderlo colectivamente, como hacen los ricos”, ha cuestionado.

Preguntado acerca de la necesidad de escribir sobre la realidad desde la ciencia ficción, el escritor salmantino defiende que “un presente ligeramente girado” para introducir un elemento fantástico permite “resaltar aspectos que han pasado desapercibidos en el presente o generar proyecciones de lo que puede ocurrir”. ‘Black Mirror’ o las obras de George Orwell serían referentes de esta propuesta. En ‘La vida de los clones’, el gran desafío de estas criaturas es el de “encontrar un propósito” para su libertad ganada, algo que Espigado cree que también ocurre con la sociedad actual. “Una sociedad tradicional más reglada nos permite llevar vidas convencionales sin plantearnos si es la deseada. Tenemos millones de opciones y vivimos muy asfixiados por la inseguridad y por la idea de que siempre podríamos vivir mejor, lo que es fuente de ansiedad”, ha concluido.

Eduardo Blanco, en Europa Press (entrevista)

 

Pese a sus similitudes con otras historias como Nunca me abandones, de Ishiguro, o las rebeliones robóticas de Matrix y sus predecesores literarios clásicos, los hechos ficticios narrados por Espigado brillan con una luz muy particular, una luz en ocasiones pastel y en ocasiones eléctrica y de neón. Sus seres son aquellos inquietantes juguetes vivientes del ingeniero genético JF Sebastian de Blade Runner si hubiesen sido creados en el Japón del siglo XXI por diseñadores amantes de las cadenas de cafeterías, de las tiendas de yogures para llevar, del k-pop y de los videojuegos. Criaturas con aire a super deformed y espíritu de perro para llevar en brazos o muñeca hinchable. Protagonistas de una ficción muy lúcida que responde a preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez, solo que en este caso con seres de carne y hueso en lugar de con sintéticos e inteligencias artificiales. ¿Cómo sería nuestro día a día con ellos? ¿Qué relaciones afectivas estableceríamos? ¿Seríamos capaces de quererlos como a un hijo? ¿Y de tener sexo con ellos? ¿Cómo se organizarían si se independizasen? ¿Serían más habilidosos que nosotros? ¿Correríamos peligro a su lado? ¿Desarrollarían sus propias creencias religiosas?

La última es la más fácil de contestar: desde luego. Qué duda cabe. La sexualidad siempre va un paso por delante a la hora de romper prejuicios, aunque de cara a la galería la actitud sea otra. La clonosexualidad, como la llama Espigado, es un factor clave en el libro, como también lo es la clonofobia. A nivel sexual, podríamos considerar a la mayoría de clones transgénero, además de pertenecientes a otra especie. Es de suponer que con estas condiciones, las parejas humano-clon generarían reacciones a ambos extremos del espectro: desde la fascinación a la animadversión más absoluta. Respecto a si podríamos amarlos como a hijos, es otro de los ejes de la historia; una cuestión que se desarrolla, además, en términos que nos resultarán muy familiares, como casi todas los conflictos que afectan a los personajes, que no son otra cosa que los conflictos que nos afectan a nosotros mismos, solo que trasladados a otro contexto. A grandes rasgos la novela de Espigado es una fábula, un cuento que enmascara la verdad con un traje de fantasía para hacernos reflexionar.

La vida de los clones es una advertencia sobre el peligro de la indiferencia ante los envites supremacistas -¿nos suena?-, un repaso a las grandes catástrofes humanitarias de ayer y de hoy, a los crímenes contra la humanidad cometidos en el sudeste asiático en tiempos de Pol Pot y a los que suceden en las migraciones centroamericanas en pos del sueño americano o tras las devoluciones en caliente cuando fallan los asaltos a las alambradas. Una advertencia de las tragedias inenarrables que sufren quienes acaban confinados en un campo de refugiados, desprotegidos y olvidados por el mundo. Una historia certera alumbrada desde la ficción especulativa para explicar lo que ha pasado, lo que pasa y lo que podría pasar.

Eduardo Almiñana, en Valencia Plaza

 

 

 

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