Algunas cuestiones que deberías preguntarte antes de ir Ikea

(Dale al play)

Vamos, Ikea, coche afuera, no frena sino acelera, carrera, carro amarillo, abres bolsillos.

Metro y libreta, las ilusiones de tela, las relaciones de plástico y los sueños de madera.

Formas perfectas para reformas conforman la nueva norma de gusto, contra lo rústico, nórdico.

Pasillo a pasillo, pasito a pasito, es barato y bonito, solo quiero ser rico.

Todas mis mudanzas han pasado por Ikea. La mudanza es la segunda cosa más estresante de la vida.

Ikea materializa las relaciones. Allí el amor se vuelve mesa, conglomerado, cartón.

Y en cuanto se materializa, el amor se repite.

Porque la libertad no es una tabula rasa. La libertad es un catálogo. Es crear una originalidad ensamblando las creaciones de otros.

Y por supuesto que hay vida más allá de Ikea pero ¿a quién le importa? ¿Quién quiere apechugar con el libre albedrío, pudiendo elegir por catálogo?

Y si Ikea es creador de nuestro interior, Wallapop es el mercado negro de órganos. Corazones, riñones, hígados de Ikea, saldados, liquidados en Wallapop, transplantados con éxito: todas nuestras vidas son compatibles.

Cuando los caseros aprendieron lo que una mano de Ikea podía hacer, la convirtieron en el uniforme oficial de la infravivienda.

En los años setenta Idealista era Eduardo Galeano. En el 2021, Idealista es una inmobilaria

Dice mucho de nuestro interior que Ikea se haya convertido en nuestro interiorista. Y con eso muchos ya hemos tenido bastante, porque lo único que pedíamos era escapar del interior de nuestros padres.

Y por la misma razón, algún día Ikea será repudiada por nuestros hijos. Será pasado, será cutre, será arcaia, será fea. Y nuestros hijos rezarán para que la casera se lleve nuestros muebles.

Pero eso solo sucederá cuando Ikea deje de inventar el futuro.

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