(No) me da igual

Hay muchas expresiones en español para enfatizar indiferencia, y casi todas implican un taco: me suda la polla, me chupa un huevo, me la pela, me suda el coño, me importa una mierda, me importa tres cojones, me la refanfinfla, etc.

Cosa curiosa, porque aquello que de verdad nos es indiferente -que de verdad nos la refanfinfla- no debería suscitar una respuesta tan agresiva. Enfatizar la indiferencia, de hecho, es una contradicción. Cuando algo realmente te da igual no suscita la más mínima respuesta emocional.

Más bien parece que esas expresiones no son tanto descripciones sino conjuros: las soltamos para exortizar la importancia de las cosas que no deseamos que nos importen. Por eso, esa reafirmación, esa declaración de principios que le espetamos al universo o a uno de sus habitantes en concreto, nos deja un poco en evidencia.

Porque todo lo que nos suda el rabo, nos suda el coño o nos importa una puta mierda, en realidad nos importa. Pero en negativo. Y por eso soltamos un taco. Por ejemplo:

  • ¿Has visto el fútbol?
  • Me la pela.

Para mí, el subtexto de esta respuesta viene a ser: me rebelo contra la importancia que tú le das al futbol.

Es interesante observar como la cohesión de un grupo humano se fragua a través de intereses y preocupaciones compartidas. Por eso un “me chupa un huevo” se toma como una declaración de individualismo, y denota que quien lo dice tiene intereses propios.

De ahí que los adolescentes se pasen el día declarando que se la bufa esto y se la bufa lo otro. La educación consiste en gran medida en imponernos el sentido de lo que es importante para nuestra sociedad (del nacionalismo a las ecuaciones). Contra la violencia de ese adoctrinamiento solo nos queda defendernos con un “me importa una puta mierda”.